El río no miente

Son las 13:00 del primer domingo de agosto. El río Ulla está quieto, el sol aplasta la ribera y hay más de 30.000 personas apiñadas junto a las ruinas de las Torres do Oeste.

Entonces alguien grita.

Del fondo de la ría aparecen las velas. Rojas y negras. Grandes. Y debajo de ellas, el casco de madera de un drakkar cortando el agua con los remos al ritmo de un cuerno de guerra.

Los vikingos vuelven a Catoira.

Durante los próximos minutos, guerreros con cascos y hachas saltan a tierra, los defensores gallegos los reciben con lanzas y escudos, y lo que fue una batalla de verdad hace mil años se convierte en una explosión de gritos, barro y vino tinto. El río Ulla lleva siglos sin tener miedo de verdad. Pero cada agosto, durante una hora, finge que sí.

Por qué Catoira y no otro sitio

La respuesta tiene más de mil años.

Los vikingos no venían a Galicia por el paisaje. Venían por el tesoro de Santiago de Compostela. Y la ruta más directa desde el mar hasta Santiago era el río Ulla: remontarlo hasta el corazón de Galicia y saquear la catedral de Santiago, epicentro cada 25 de julio de las Fiestas del Apóstol Santiago.

Para cerrarles el paso, el rey Alfonso III el Magno ordenó levantar en el siglo IX una fortaleza en la desembocadura del Ulla. El Castellum Honesti, conocido después como Torres do Oeste: un gran muro y siete torres que controlaban el acceso fluvial. La llamaron la "llave y sello de Galicia".

No fue suficiente siempre. En 858 los vikingos sitiaron Santiago. Volvieron en 951 y en 964. En 968, el caudillo normando Gunderedo, hermano del rey Harald II de Noruega, llegó con doscientas naves. Cien se internaron en la ría de Arousa remontando el Ulla hacia Compostela. El obispo Sisnando II organizó un ejército para detenerlos. El 29 de marzo de 968, en la parroquia de Rarís, en tierras de Teo, cerca del río Louro, fue alcanzado por un flechazo y murió en el campo de batalla. Los vikingos entraron en Compostela y saquearon Galicia durante tres años.

Pero en 859 y 968 las Torres resistieron y los escandinavos no llegaron a completar su objetivo. En los siglos XI y XII, el obispo Cresconio y el arzobispo Diego Gelmírez reforzaron las defensas con un sistema de cadenas pesadas que cruzaban el río Ulla de lado a lado para encallar físicamente los barcos invasores antes de que llegaran a tierra.

De aquella fortaleza quedan hoy dos torreones y una capilla dedicada al apóstol Santiago. Los vikingos ganaron algunas batallas. La piedra lleva siglos ganando la guerra.

Cómo nació la fiesta

En 1959, el poeta y cura de Isorna Faustino Rey Romero y el poeta catoirense Baldomero Isorna Casal fundaron el Ateneo do Ullán: un foro literario y artístico de intelectuales de las tierras del Ulla. En una de sus tertulias de 1960 alguien propuso conmemorar el desembarco del rey Ulfo, el caudillo vikingo que lideró uno de los ataques históricos a las Torres. La primera edición se celebró en 1961.

La primera edición fue una reunión de amigos con disfraces improvisados. Hoy en día, los vecinos de Catoira se disfrazan de guerreros vikingos y de campesinos gallegos para recrear la batalla, como hacen los lucenses cada junio en la recreación romana de Arde Lucus.

El primer "drakkar" era una vieja barca arenera del río Ulla camuflada con maderas, cartones y una cabeza de dragón. Los viejos del pueblo aún lo cuentan entre risas.

65 años después, la fiesta reúne a más de 30.000 personas, tiene cuatro barcos y es Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 2002.

Lo que nadie sospechaba en aquella tertulia de 1960 es que estaban fundando un fiesta tan singular y que llegaría a declararse Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1988, y Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 2002.

Los barcos que el pueblo construyó con sus manos

Los drakkars que cruzan la ría cada agosto no son atrezo de teatro. Son réplicas auténticas construidas con los mismos métodos que usaban los vikingos del siglo XI.

En 1993, un grupo de carpinteros de ribera de Catoira viajó a Dinamarca para estudiar las técnicas de construcción naval vikinga. El vínculo fue posible gracias al hermanamiento oficial de Catoira con la localidad danesa de Frederikssund desde 1989, la villa con mayor tradición vikinga de Dinamarca. Consiguieron los planos del Skuldelev 5, una embarcación de guerra real del siglo XI encontrada en el fiordo de Roskilde y conservada en el Museo de Barcos Vikingos de Roskilde. Volvieron a Catoira y construyeron la réplica en la Escuela Taller del municipio, con el maestro carpintero y sus alumnos. En 1994 el drakkar "Torres do Oeste" hizo su primera travesía por la ría.

17,5 metros de eslora. 2,5 metros de manga. Capacidad para 13 pares de remos y una tripulación de 30 personas. Velocidad máxima de 15 nudos.

En 2008 se incorporó el "Frederikssund", adaptación del Gokstad, barco vikingo encontrado en Noruega, con diseños decorativos inspirados en la nave Oseberg. En 2019 se construyó el "Ardglass-Catoira", en homenaje a la asociación Ardglass Vikings de Irlanda del Norte.

Para 2026, la flota suma una novedad: la Asociación Ateneo Vikingo ha restaurado un antiguo bateeiro de madera transformándolo en un knorr de 17 metros de eslora, manteniendo la vela y el mascarón originales del anterior barco de la asociación, que no pudo resistir los temporales del invierno y tuvo que ser desmontado.

Cuatro barcos. Todos reales. Todos con historia.

Un detalle que pocos visitantes conocen: subirse a uno de los drakkars oficiales para el desembarco no es una atracción turística que se compra en taquilla. Los puestos de tripulación se solicitan mediante formulario oficial al Concello de Catoira, con preferencia para vecinos y colaboradores habituales de la romería. El estatus en este río no se compra. Se rema.

Lo que el visitante no sabe

Esta fiesta tiene capas que el que llega solo el domingo no ve.

La primera: la marea manda. El programa oficial puede decir que el desembarco es a las 13:00, pero un local no mira el reloj. Mira el río. Si la marea baja demasiado, los drakkars encallan en el lodo del Ulla. Los veteranos calculan la llegada del barco por la corriente. Los turistas esperan puntualidad británica. Los vikingos jamás la tuvieron.

La segunda: el vino que vuela no es Albariño. El vino que empapa la batalla no es el vino fino de las Rías Baixas. Es un vino joven, ácido y con mucho color, comprado en cisternas y elegido específicamente por su capacidad de teñir la piel y la ropa. Si llevas algo blanco o nuevo, ya sabes lo que pasará.

La tercera: el bautismo del primerizo. Los locales distinguen al turista recién llegado a metros de distancia. Si te ven impecable haciendo fotos en primera línea, pasarás de espectador a objetivo principal de algún guerrero armado con un cuerno lleno de ese vino. Es un rito de iniciación no oficial. Y es inevitable.

La cuarta: el calzado. El recinto de las Torres do Oeste está pegado a la desembocadura del río Ulla. La combinación de la marea, miles de litros de vino y decenas de miles de pisadas crea un barro arcilloso de alta densidad. Si llevas calzado suelto, el lodo se quedará con tus zapatos en el primer paso. Zapatillas viejas que puedas tirar, o botas de agua bien sujetas al tobillo.

El sábado: la fiesta que los de fuera se pierden

Para los locales, el domingo es el espectáculo. Pero el sábado es la fiesta de verdad.

A las 14:00 h del sábado tiene lugar el Xantar Vikingo: un almuerzo multitudinario en una gran carpa en el recinto de las Torres do Oeste. Alrededor de 1.000 personas vestidas con trajes medievales y vikingos se sientan a comer empanada, langostinos, mejillones, pulpo, churrasco y beber vino del Ulla. Sin disfraz, no hay entrada. Las entradas se venden a través de Ataquilla.com a un precio en torno a 25-27 euros y se agotan semanas antes. No hay taquilla el día de la fiesta.

Por la noche, el VikingMusic: festival de música gratuito con bandas de folk celta, rock medieval y sonidos nórdicos. Por sus escenarios han pasado grupos de referencia de la música gallega como Fillas de Cassandra o Luar na Lubre. El ambiente nocturno aquí es otra fiesta completamente distinta al caos del domingo.

El día del desembarco

El domingo empieza a las 10:00 con el pasacalles de grupos folclóricos y bandas de gaitas desde la Alameda do Concello hasta las Torres do Oeste. Unirse a este recorrido andando, siguiendo a las peñas que ya van cantando y rugiendo con sus disfraces, es la mejor forma de llegar al recinto con el espíritu de la batalla ya dentro.

En el recinto: mercado medieval, mejillonada y vino tinto del Ulla para los romeros. A las 11:30, representación teatral vikinga.

Y entonces, en torno a las 13:00, el momento que todo el mundo espera.

Los drakkars aparecen en la ría. Las velas rojas y negras se ven desde lejos. Suenan los cuernos. Los guerreros vikingos reman hacia la orilla entre gritos de "¡UR-SU-LA! ¡UR-SU-LA! ¡UH! ¡UH! ¡UH!". Saltan a tierra. Los defensores gallegos los reciben. Empieza la batalla simulada, que acaba con todos los participantes empapados de vino y barro.

Los invasores pierden. Los locales ganan. Igual que en el siglo IX.

A las 14:00, comida campestre al aire libre amenizada por gaitas.

Datos útiles

Cuándo: primer domingo de agosto. En 2026, el 2 de agosto. La semana previa incluye actividades desde el 27 de julio. El Xantar Vikingo es el sábado 1 de agosto a las 14:00 h (requiere entrada previa vía Ataquilla.com y disfraz medieval o vikingo obligatorio). El VikingMusic es la noche del sábado, entrada gratuita.

Dónde: Torres do Oeste (Castellum Honesti), Catoira, Pontevedra, Galicia. En la desembocadura del río Ulla, al fondo de la Ría de Arousa.

Cómo llegar en coche: desde Pontevedra, unos 40 km, aproximadamente 35 minutos. Desde Santiago de Compostela, unos 45 km, aproximadamente 40 minutos. Desde Vigo, unos 60 km, aproximadamente 50 minutos. El día de la romería el acceso por carretera se corta cerca del recinto: aparcar en la zona alta del centro de Catoira y caminar el sendero peatonal hasta las Torres, unos 20-25 minutos.

El truco del tren: la estación de Catoira, a 900 metros del centro, tiene servicio de Media Distancia Renfe. Desde Santiago de Compostela: 33 minutos, en torno a 3,50 euros. Desde Vigo: conexión directa. Es la opción que eligen muchos locales de pueblos vecinos para olvidarse del coche y poder disfrutar del vino sin preocupaciones.

Aparcamiento: el acceso rodado al recinto de las Torres se corta el día de la romería. Aparcar en los polígonos o calles altas del centro y bajar andando. El puente PO-548 que cruza la ría es el mirador favorito de los fotógrafos, pero se masifica tanto que la policía suele restringir el paso peatonal en los momentos críticos. Llegar antes de las 10:00 para encontrar sitio sin dificultad.

El desembarco y la marea: el programa oficial sitúa el desembarco en torno a las 12:30-13:00 h, pero la hora real depende de la marea del Ulla. Si baja demasiado, los drakkars encallan en el lodo. Los locales no miran el reloj: miran el río. Durante el desembarco se calcula que se reparten y arrojan aproximadamente 20.000 litros de vino tinto.

Alojamiento: Catoira tiene casas rurales y alquileres vacacionales pero la oferta es limitada para una afluencia de 30.000 a 50.000 personas. Reservar con meses de antelación. Alternativas cercanas con más oferta: Vilagarcía de Arousa (20 km), Pontevedra (40 km) y Cambados (25 km), en plena zona de Albariño.

Gastronomía: mejillones y vino tinto del Ulla son los protagonistas de la romería. El domingo por la mañana, antes del desembarco, el Concello organiza una mejillonada gratuita para todos los asistentes. La gastronomía de Catoira va más allá: pulpo á feira, lamprea del Ulla, almejas, berberechos, empanada y sardinas asadas. Para beber, el Albariño de las Rías Baixas es la referencia de la zona. Tras el desembarco las colas en los puestos del recinto se vuelven kilométricas: comer algo antes o desplazarse a los bares del centro del pueblo.

Protege el móvil: meter el teléfono y el dinero en una bolsa hermética de cierre antes de entrar al recinto. Las gafas de sol viejas también ayudan: protegen del sol mientras se espera y evitan que el vino entre directamente en los ojos durante el desembarco.

Créditos fotográficos:
Foto: "Réplicas de barcos normandos, Romería Vikinga de Catoira" por Contando Estrelas. Licencia CC BY-SA 2.0.
Foto: "Romería Vikinga en Catoira" por Roberfs. Licencia CC BY-SA 4.0.
Foto: "Catoira Drakar Vikingo" por nito. Licencia CC BY 3.0.
Foto: "Drakkar Catoira" por mChuca. Licencia CC BY-SA 2.0.
Foto: "Barco vikingo, fiesta Catoira" por Henrique Pereira. Licencia CC BY-SA 4.0.
Foto: "Vikingo chamando aos seus, festas de Catoira" por Henrique Pereira. Licencia CC BY-SA 3.0.
Foto: "Pillaxe viquinga, festas de Catoira" por Henrique Pereira. Licencia CC BY-SA 3.0.
Foto: "Fiesta Vikinga en Catoira, Galicia" por Reservas de Coches. Licencia CC BY 2.0.
Foto: "Vikingo destruíndo a vila, festas de Catoira" por Henrique Pereira. Licencia CC BY-SA 3.0.