La Patum de Berga

Son las diez de la noche del jueves de Corpus en la plaza de Sant Pere de Berga. La plaza está llena hasta los muros. De pronto se apagan las farolas y todo queda a oscuras.

Suena el tabal.

Se encienden a la vez cien cabezas coronadas de fuego. Cien hombres vestidos de diablo, con la cara envuelta en hierba verde, empiezan a girar en el mismo sentido. Novecientos petardos ardiendo sobre las cabezas. La plaza se convierte en un infierno de chispas y humo, y la gente no huye: gira dentro, hombro con hombro, en sentido contrario a las agujas del reloj, inmersa entre la pólvora.

Es el salt de plens, el corazón de la Patum. Y no se entiende hasta que se ha estado dentro.

Una fiesta de Corpus con más de seis siglos

El salt de plens de la Patum de Berga: diablos con fuets ardiendo llenan de fuego y chispas la plaça de Sant Pere en plena noche

La Patum es la fiesta que Berga —capital del Berguedà, al norte de Barcelona, en el prepirineo catalán— celebra por Corpus Christi.

Nace de algo muy concreto: los entremeses medievales que acompañaban a la procesión del Corpus, pequeñas representaciones con las que la Iglesia aleccionaba a un pueblo que no sabía leer. Con los siglos, aquellos entremeses se soltaron de la procesión y se comieron la fiesta. La primera noticia escrita del Corpus de Berga es de 1454.

Hoy es Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, distinción que la UNESCO le dio en 2005 y confirmó al inscribirla en su Lista Representativa. La Generalitat se le había adelantado: la declaró Fiesta Tradicional de Interés Nacional ya en 1983.

Sobre lo que la Patum significa se ha escrito muchísimo. Hay quien lee en sus figuras un fondo antiguo —el bien contra el mal, ritos de fertilidad, el ciclo de mayo—, pero los propios estudiosos avisan de que no es fácil separar el símbolo verdadero del interpretado con el tiempo. Lo firme es lo documentado: una fiesta de Corpus que ha conservado su teatro de calle medieval como casi ninguna otra.

Si piensas venir, conviene buscar dónde dormir en Berga con tiempo.

El fuego: el salt de plens por dentro

Plens quiere decir "llenos": llenos de fuego. Son diablos, sí, pero la palabra lo dice todo.

La víspera, en la plaza de la Ribera, los vestidores montan las carotas (las máscaras). En cada cuerno y en la cola atan los fuets —petardos de mecha— y luego lo envuelven todo en vidalba, una liana silvestre que la brigada de jardinería recoge cada año en los bosques del Berguedà. La hierba va húmeda: es lo único que protege al ple del fuego que llevará pegado a la cara. La técnica se conserva desde hace siglos.

En la plaza, cada ple no va solo. Lo acompaña una persona con una bengala, que le enciende los fuets en el momento justo y lo guía a ciegas durante todo el salto, porque el ple apenas ve.

Entonces empieza la música —la que compuso en el siglo XIX Joaquim Serra, el Quimserra—, se apagan las luces, prenden los fuets y arranca el giro. Todos, plens y público, dan vueltas a la plaza en sentido contrario a las agujas del reloj, dentro de una lluvia de chispas que cae sobre los hombros. Cuando estalla el último fuet, para la música y se encienden las luces. Y se vuelve a empezar.

Los propios organizadores lo repiten cada año, y conviene tomárselo en serio: la Patum no es un correfoc. En cada salt de plens arden 900 fuets y 100 bengalas a la vez, a un palmo de la gente. Se viene con camisa de manga larga, pantalón largo, pañuelo, sombrero y calzado cerrado. El que llega en camiseta lo aprende en el primer salto.

Quien lo ha vivido cuenta lo mismo: el humo que no deja ver, el calor en la nuca, el ruido que se mete en el pecho. Se sale tiznado, sordo y feliz.

El reparto: quién sale a la plaza

Els Gegants Nous de la Patum de Berga, la pareja de gigantes rey y reina, en contrapicado bajo el dosel rojo de la plaza de Sant Pere

Antes de que lleguen los plens, la plaza ha visto pasar una tras otra a las demás comparsas —los berguedanos dicen entremesos—, y cada una tiene su carácter. Tres dan la medida de la fiesta entera.

Les guites son dos bestias con el cuello larguísimo que escupen fuego mientras embisten a la gente. La Guita Grossa es la vieja; la Guita Xica, del siglo XIX, la joven. Cuando una guita baja el cuello y busca hueco entre el público, la plaza se abre a empujones y vuelve a cerrarse tras ella: no persigue a nadie en concreto y persigue a todos. Es la comparsa que borra la línea entre el que mira y el que juega.

L'àliga (el águila) baja el pulso de la plaza. Aparece en 1756, hecha a propósito para dar solemnidad a la fiesta, con corona ducal y un ramo de laurel, olivo y claveles en el pico. Antes de bailar hace dos reverencias, una a la iglesia y otra al Ayuntamiento, y entonces la plaza se calla. Su música es la más grave y hermosa de la Patum, y su danza —lenta, medida, con dos acompañantes que le abren paso— es el momento en que seis siglos de fiesta se ponen serios de golpe. Entre tanto fuego, el águila es el silencio.

Els turcs i cavallets cuentan una historia vieja en clave de juego: cuatro turcos con turbante y cimitarra persiguen por la plaza a cuatro caballeros cristianos montados en caballitos de cartón. Los turcos acaban siempre vencidos. Es la comparsa más antigua documentada junto a los diablos, y la que mejor enseña de dónde viene todo esto: de los entremeses que aleccionaban a un pueblo iletrado a las puertas de la procesión.

Alrededor de estas tres se mueve el resto de la comparsería. El tabal —el tambor que preside la fiesta y le presta su nombre— lo abre todo y no falta a un solo acto. Les maces son diablos que blanden mazas y luchan contra los àngels de san Miguel hasta caer entre estallidos. Els gegants, cuatro gigantes que figuran a los antiguos caudillos vencidos, vienen de 1472. Y los nans, los cabezudos —los viejos con su sombrero de tres picos y sus castañuelas, los nuevos con una tonada juguetona de 1890—, ponen el contrapunto de humor entre danza y danza.

Al final, cuando ya han salido todos, llega el tirabol: las figuras vuelven juntas a la plaza y la gente baila con ellas hasta que el cuerpo aguanta. En el tirabol no hay espectadores; solo patumaires.

Lo que el visitante no sabe

Un gegant de la Patum de Berga, con turbante y maza al hombro, bailando entre la multitud que llena la plaza durante el Corpus

El nombre es más nuevo que la fiesta. La Patum se llamó durante siglos la Bulla. "La Patum" —por el sonido del tabal— es un invento del siglo XIX. Así que cuando alguien vende la palabra como algo milenario, se está inventando la mitad.

No es lo mismo la Patum de lluïment que la completa. La de lluïment es la de mediodía: más serena, más de gala, con todas las comparsas saliendo una a una a hacer su danza —todas menos los plens, que solo actúan de noche—. La completa es la de la noche: la plaza a reventar, la ronda de comparsas repetida cuatro veces y el salt de plens tras la segunda y la cuarta. Si solo puedes ver una, que sea una completa; pero la de lluïment enseña las danzas que la noche esconde.

La fiesta empieza semanas antes de Corpus. El tabaler sale a pregonar la Patum el domingo de la Ascensión y otra vez el de la Trinidad, mucho antes del día grande. Ese repique arranca el cicle patumaire: cuando suena el tabal, Berga ya no piensa en otra cosa.

El fuego no cae sobre ti por accidente. Cae porque estás dentro, y estar dentro es la fiesta. Por eso hay reglas: girar siempre en el mismo sentido, no formar cadenas, no huir si suena una bengala roja (significa incidente: hay que quedarse quieto y esperar a megafonía). El respeto al ple y a su acompañante no es cortesía, es seguridad.

La fiesta se bebe, y tiene truco. La bebida de la Patum es la barreja: anís y moscatel a partes iguales, un trago corto y de mucha graduación que se sirve en vaso pequeño. Antes se tomaba bien fría, hasta que en 1989 el Ayuntamiento ordenó servirla del tiempo: el frío disimula el alcohol y la gente bebía de más. Desde 2010 hay una barreja oficial cuya venta ayuda a pagar la fiesta. Si te la ofrecen, respeto: sube sin avisar.

La Patum día a día

Los actos centrales van de miércoles a domingo de la semana de Corpus. En 2027, con el Corpus en jueves 27 de mayo, el arco previsto es del miércoles 26 al domingo 30 de mayo (el programa oficial de 2027 aún no está publicado; lo enlazaremos aquí en cuanto se emita).

Miércoles, víspera de Corpus. Al mediodía, el tabal y los cuatro gigantes abren la fiesta con una passada (pasacalle) por el barrio viejo —la única del año sin fuego, la que siguen los niños—. Por la noche, otra passada, ya con guites, maces y gigantes, que recorre el casco antiguo haciendo saltos ante las casas de las autoridades y acaba de madrugada con tirabols.

Jueves, día de Corpus. Al mediodía, la Patum de lluïment. Por la noche, la primera Patum completa, con el primer salt de plens.

Viernes. La Patum infantil: los niños de Berga hacen su propia Patum en la plaza de Sant Pere.

Sábado. Nueva passada con saltos por la tarde-noche. Ese día, las carotas de los plens del domingo salen en procesión con su patrón, san Ceferino.

Domingo. Se repite el día grande: lluïment al mediodía y completa por la noche, con el último salt de plens y el tirabol final que cierra la fiesta.

Datos útiles

La plaça de Sant Pere de Berga abarrotada durante una passada de la Patum, con los gegants y una guita abriéndose paso entre la multitud vestida de rojo

Cuándo (2027). Arco previsto miércoles 26 – domingo 30 de mayo (semana de Corpus). Fecha móvil: la Patum cae siempre en la semana del Corpus Christi, entre finales de mayo y finales de junio.

Dónde. El escenario es la plaça de Sant Pere y las calles del barrio viejo de Berga (Berguedà, provincia de Barcelona).

Cómo venir vestido. Manga larga, pantalón largo, pañuelo, sombrero y calzado cerrado y resistente para el salt de plens. Nada de mochila en la plaza (molesta en los saltos; hay guardarropa). Prohibido entrar con vidrio.

Para prepararla con calma. La Casa de la Patum (plaça del Dr. Saló, 6) es el centro de interpretación de la fiesta: guarda los trajes y las figuras y explica cada comparsa. Entrada gratuita; abre fines de semana y festivos. Si vienes fuera de fechas, es la forma de asomarte a la fiesta.

Dónde dormir. Berga tiene pocas plazas y la Patum las agota; medio Berguedà se reserva con meses de antelación. Merece la pena mirar alojamiento en Berga y alrededores antes de que se llene.

Programa oficial. Lo enlazaremos aquí en cuanto salga publicado el de 2027.

Créditos fotográficos:
Foto 1: "Salt de Plens (Patum 2009)" por Radio Berga. Licencia CC BY-SA 2.0.
Foto 2: "Detalle de la maça de la Patum de Berga" por Jordi escarre, recortada. Licencia CC BY-SA 4.0. Modificada.
Foto 3: "Gegants Nous de la Patum de Berga" por Jordi escarre. Licencia CC BY-SA 4.0.

Foto 5: "La plaza de Sant Pere durante la Patum" por Pallares1. Licencia CC BY-SA 3.0.