Mucho antes de que llegara Papá Noel, y en paralelo a los Reyes, media España tenía su propio encargado de los regalos. Casi siempre es la misma estampa: un viejo rudo que vive solo en el monte, haciendo carbón o cortando leña, y que una noche de invierno baja a las casas a dejar algo a los niños. En Asturias, para variar, el suyo llega del mar.

Unos son de verdad antiguos; a otros los ha rescatado —o directamente inventado— hace nada un puñado de vecinos que no quería una Navidad igual a la de todas partes. Aquí están, del más viejo al más reciente.

El Tió, el tronco que caga los regalos

En Cataluña y en buena parte de Aragón, los regalos los trae un tronco. El Tió (o caga tió, la tronca en Aragón) es un leño con cara pintada, cuatro patas y la barretina puesta, tapado con una manta para que no pase frío. Desde el día de la Inmaculada, el 8 de diciembre, los niños lo "alimentan" cada noche.

La noche de Nochebuena llega su momento: los críos le pegan con un palo mientras le cantan, y de debajo de la manta van saliendo dulces, turrón y regalos pequeños (los gordos se guardan para Reyes). Es de las tradiciones más viejas y arraigadas de esta lista: viene del tronco que se quemaba en el hogar para dar luz y calor en pleno invierno, y el ritual está documentado desde principios del siglo pasado.

Tió de Nadal, tronco típico catalán con cara sonriente y patas, tapado con su manta y su barretina, que entrega dulces y regalos.

El Olentzero, el carbonero que baja tiznado

En el País Vasco y Navarra, el Olentzero baja del monte cada Nochebuena: un carbonero grande y bonachón, con la cara manchada de carbón y la boina calada. En Donostia baja acompañado de Mari Domingi, y juntos recorren las calles seguidos de una marea de niños.

Su historia tiene más fondo del que parece. El mito del jentil —el último de los gigantes vascos, que anuncia el nacimiento del Niño— es antiguo y lo recogió el etnógrafo Barandiaran. Pero el Olentzero repartidor de regalos que conocemos hoy se fraguó en el siglo XX, con la recuperación cultural vasca de los años sesenta y setenta y el contagio de Papá Noel; antes fue incluso un personaje con el que se asustaba a los críos. Mari Domingi es una incorporación aún más reciente.

El Olentzero y Mari Domingi desfilando por la calle rodeados de gente

El Apalpador, el gigante que te palpa la barriga

En las sierras de Lugo —O Courel, Os Ancares— vive el Apalpador, un carbonero gigantesco de barba y pelo rojos, boina y pipa, que se apoya en un palo de roble. Baja a las aldeas en Nochebuena o en Nochevieja, según la zona.

Lo suyo es entrar mientras los niños duermen y palparles la barriga para comprobar que han comido bien todo el año; si es que sí, les deja un puñado de castañas, que en la Galicia rural eran la despensa del invierno. La raíz es vieja —ya aparece por escrito en 1922—, pero llevaba décadas casi olvidada: la recuperó con fuerza a partir de 2006-2008 el investigador José André López y el colectivo A Gentalha do Pichel. Hay quien celebra el rescate y quien lo ve oportunista; contamos las dos cosas.

El Esteru y las Anjanas, en Cantabria

En Cantabria, el que reparte es el Esteru, un leñador barbudo que se pasa el año cortando madera y fabricando juguetes con su fiel burru. No viene en Nochebuena: aparece la noche de Reyes, y desde hace años desfila en la Cabalgata de Comillas, donde más arraigo tiene.

Y no viene solo. Las Anjanas, hadas buenas de los bosques cántabros, bajaban en la madrugada del 6 de enero a llevar juguetes a los niños de las casas más pobres. De las dos, las Anjanas son las de raíz más honda: aparecen ya en la obra del escritor Manuel Llano. El Esteru, en cambio, es una figura recuperada y popularizada sobre todo en las últimas décadas, y hasta hay quien duda de lo antiguo que es de verdad.

L'Anguleru, el que llega del mar

En San Juan de la Arena, en la costa asturiana, el portador de regalos no baja del monte: entra por el agua. L'Anguleru es un pescador que llega en su lancha la noche de Nochebuena, con su traje de faena, para dejar los regalos a los niños del pueblo.

Aquí no hay leyenda milenaria que valga, y lo bonito es que no se esconde: l'Anguleru lo creó en 2008 una asociación cultural del pueblo, como respuesta propia y con guasa a Papá Noel. Nuevo de raíz, y a mucha honra.

Ilustración de l'Anguleru, pescador de barba oscura y chubasquero amarillo, sobre una ola con un cargamento de regalos

La Vieja del Monte, en León

En las montañas de León vive la Vieja del Monte, una anciana que habita en una cueva y que, según el mito, se preocupaba de que los niños comieran: hacía llegar a los pastores pan, chorizo, queso o avellanas para que se los repartieran.

Aquí conviene ser claro, porque es fácil confundirse. La Vieja del Monte es mitología leonesa de verdad, recogida por los estudiosos. Su papel de "Papá Noel leonés" que baja en Nochebuena a dejar regalos, en cambio, es un añadido reciente: se sumó a la Navidad hacia 2014. Etnógrafos como Nicolás Bartolomé Pérez avisan de que meter a esta figura en el consumo navideño desvirtúa el mito original. Nosotros la contamos por lo que es: un personaje antiguo con una capa de Navidad puesta hace poco.

De hace siglos o de hace nada

Del Tió, que viene de cuando se quemaba el tronco en el hogar, a l'Anguleru, que nació en 2008, todos estos personajes dicen lo mismo de una manera distinta: que aquí la Navidad se cuenta en cada valle a su aire, y que hubo quien repartió regalos en estos montes mucho antes de que llegara el señor de rojo.

Vuelve a la Navidad en España, o mira qué se celebra estos días en tu comunidad y en diciembre.

Créditos fotográficos:
Foto: Tió de Nadal, plaza de Sant Jaume, Barcelona (Nadal 2010-2011), Slastic, vía Wikimedia Commons (dominio público).
Foto: Olentzero con Mari Domingi (Ordizia), Ordiziako Jakintza Ikastola, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (modificada).

Foto: L'Anguleru (Garabuxada), Denissf, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.