Procesión del Humo de Arnedillo

Un pueblo de quinientos habitantes decide desaparecer dentro del humo

Once y media de la mañana del último domingo de noviembre en Arnedillo, un pueblo del valle del Cidacos, en La Rioja. En las calles que rodean la iglesia de San Servando y San Germán llevan un rato montando las hogueras: leña seca en tipi, y al lado, esperando, los montones de romero y de grojo.

Entonces las prenden. Y encima del fuego va el verde.

El romero y el enebro ahogan la llama y sueltan una pared blanca. En minutos, el casco viejo de Arnedillo deja de verse desde dentro. La gente que está a cinco metros deja de verse.

Y por ahí dentro, a hombros, avanza el paso de San Andrés.

La epidemia que nadie sabía cómo parar

En 1888 Arnedillo se llenó de viruela negra. Fue una epidemia grave, con una mortalidad alta para un pueblo de este tamaño, y el vecindario se quedó sin manera de pararla.

Lo que hicieron a continuación es la parte que hace singular a esta fiesta, y conviene contarla despacio porque suele resumirse mal.

Primero decidieron pedir intercesión. Pero no tenían claro a quién pedírsela, porque en el pueblo se veneraban siete santos. Así que lo echaron a suertes de una manera muy concreta: pusieron una vela encendida delante de cada uno de los siete, y acordaron que el santo cuya vela tardara más en consumirse sería el que saliera en procesión.

Ganó San Andrés.

Y aquí está el detalle que a los arnedillenses les pareció entonces una señal: San Andrés tiene atribuida tradicionalmente la protección de la salud. De los siete candidatos, la vela había elegido precisamente al que tocaba.

Segundo, y a la vez, hicieron lo que la sabiduría popular de la época consideraba desinfectante: encender hogueras de romero por las calles y las plazas, y atizarlas con grojo. Sacaron al santo a caminar entre ese humo.

Y conviene detenerse aquí, porque lo que hoy suena a superstición de pueblo era en 1888 medicina oficial. Durante siglos se creyó que las epidemias viajaban en el aire corrompido, en las emanaciones de la materia en descomposición, y las autoridades sanitarias europeas del XIX recomendaban fumigar los espacios habitables para combatirlas. Koch había aislado el bacilo de la tuberculosis solo seis años antes, y la idea de que las enfermedades las causan microbios estaba abriéndose paso a codazos. Los vecinos de Arnedillo quemaron romero y grojo por la misma razón por la que se fumigaban las ciudades españolas: era lo que había.

La epidemia remitió.

Nadie en Arnedillo sostiene hoy que el humo curara la viruela. Lo que se conmemora, y así lo dice el propio Ayuntamiento, es a los antepasados: la gente que se murió aquel año y la gente que se quedó a plantarle cara con lo poco que tenía. Desde 1888 la cita se repite todos los años.

Grojo: la palabra que solo existe aquí

En las crónicas siempre aparecen las dos plantas juntas, romero y grojo, y el segundo nombre suele pasar de largo como si fuera un sinónimo del primero.

No lo es. Grojo es una variedad de enebro, y es una palabra tan riojana que el Diccionario de la lengua española la recoge con la marca de uso «Rioja» delante de la definición. Un riojanismo con entrada propia en el diccionario académico, que sigue vivo un domingo de noviembre porque es lo que se quema en la calle.

Y no se queman igual. La hoguera se levanta con leña seca, se enciende, y el romero y el grojo van encima después, en verde. Y no se queman igual. La hoguera se levanta con leña seca, se enciende, y el romero y el grojo van encima después, en verde. Se busca ahogarlos. De ahí sale el humo.

Lo que el visitante no sabe

San Andrés no es el patrón de Arnedillo. Es un error que repiten muchas webs de fiestas y que se cae con solo mirar el calendario local: los patrones son San Servando y San Germán, y sus fiestas patronales de invierno se celebran el 23 de octubre, con misa mayor, procesión, vermú en la plaza y verbena. San Andrés fue el santo que salió elegido por una vela en 1888. Nada más, y nada menos.

La cofradía es 280 años más antigua que la fiesta. La Cofradía de San Andrés, que es quien organiza la Procesión del Humo, tiene documentada su primera acta el 8 de diciembre de 1608. Cuando llegó la viruela, esa cofradía llevaba casi tres siglos funcionando. La epidemia no creó la devoción: la sacó a la calle.

El santo solo baja al pueblo un día al año. El resto del tiempo vive fuera, en una ermita barroca a las afueras, en compañía de San Blas. Baja el sábado por la tarde, pasa la noche en la iglesia, respira humo el domingo por la mañana y por la tarde vuelve a subir. Una jornada entera de vecino, y otros trescientos sesenta y cuatro días de vigilante desde arriba.

En 2026 la fiesta y el santo no coinciden. San Andrés es el 30 de noviembre. Como la procesión va siempre por el último domingo, este año se celebra el 29 y el día del santo cae en lunes. En 2025 sí coincidieron ambas fechas, y no vuelve a pasar hasta que el 30 vuelva a caer en domingo.

No está declarada de Interés Turístico Nacional. Circula publicado en medios de tirada, y es falso. El sello que tiene es de otro nivel y de otra administración: lo concedió el Gobierno de La Rioja.

El sello

La Procesión del Humo está declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en 2013, y conviene precisarlo porque circula como nacional: el sello es regional y lo concedió el Gobierno de La Rioja. Lo sostienen las dos fuentes oficiales vivas: el Ayuntamiento de Arnedillo en su página de fiestas y tradiciones, y el portal de La Rioja Turismo del Gobierno regional, que además la etiqueta así en su ficha del evento.

El expediente se movió aquel verano. El 7 de agosto de 2013 lo anunciaron públicamente el entonces consejero de Educación, Cultura y Turismo, Gonzalo Capellán, la directora general de Turismo, Mónica Figuerola, y el alcalde de Arnedillo, Pedro Antonio Montalvo. La declaración se apoyaba en la documentación aportada por el Ayuntamiento y en el informe favorable de la Dirección General de Turismo.

La misa, los roscos y las brasas

Cuando la procesión termina se celebra la Misa Mayor en honor a San Andrés. Dentro se bendicen productos artesanos de la localidad, y después la cofradía los subasta. Roscos y dulces típicos, sobre todo. Lo que se recauda vuelve a la propia cofradía.

Y luego pasa lo que pasa cuando un pueblo entero lleva media mañana en la calle con las hogueras encendidas: que las brasas siguen ahí. Se aprovechan para asar panceta y choricillos y comérselos allí mismo, con la familia y con quien se haya acercado.

Por la tarde, el santo vuelve a su ermita hasta el año siguiente.

Datos útiles

Cuándo. Domingo 29 de noviembre de 2026, último domingo del mes. La fiesta se rige por esa regla, no por una fecha fija.

Hora. 11:30 h, con salida desde la iglesia. La procesión en sí es corta, en torno a un cuarto de hora; la hora y media que figura en la agenda oficial incluye la misa y la subasta posterior. Las hogueras empiezan a montarse en torno a las once, y merece la pena estar antes para verlo.

Dónde. Arnedillo, comarca de La Rioja Suroriental, valle del Cidacos. En torno a quinientos habitantes. El casco antiguo tiene calles estrechas y empinadas: se recorre a pie y con calzado que agarre.

Quién organiza. Cofradía de San Andrés.

El humo es humo de verdad. Es denso, se mete en los ojos y en la garganta, y reduce la visibilidad a muy poco durante los tramos fuertes. Quien tenga problemas respiratorios debería pensárselo o buscar los puntos altos y abiertos del recorrido. Y toda la ropa que lleves va a oler a romero durante días.

Créditos fotográficos:
Foto 1, 3 y 4: Jynus, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons. Modificadas.
Foto 2: Jynus, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.