
Comienza la experiencia
A las dos de la tarde del 22 de julio en Anguiano, el sol cae a plomo sobre la piedra y el gentío llena la Cuesta de los Danzadores casi hasta los bordes. Nadie se mueve. Nadie habla.
Arriba, en la Plaza de la Obra, suena el tamboril.
Un joven se coloca frente a la escalinata. Lleva zancos de madera de haya atados al tobillo y a la rodilla. Un faldón amarillo le cubre casi hasta los pies. Toca las castañuelas. Y de repente, como una peonza humana, se lanza.
Gira. Desciende. Gira más.
La plaza al fondo, al final de una pendiente de cuarenta metros, lo recibe entre brazos extendidos. Son los veteranos. Los que frenan la caída. Los llaman el colchón.
Luego sube. Y vuelve a tirarse.
El misterio que nadie ha resuelto
Nadie sabe con exactitud por qué existe esta danza.
El primer documento escrito data de mayo de 1603: un Libro de Acuerdos y Decretos del municipio de Anguiano. Pero la tradición oral dice que es mucho anterior. Los danzadores mayores repiten siempre lo mismo: la danza no ha cambiado. Se sigue haciendo igual que cuando ellos la vieron de niños, igual que cuando la vieron sus padres.
Los zancos en La Rioja tenían un uso práctico: los ganaderos del alto Najerilla los usaban para cruzar zonas encharcadas o caminar en época de nevadas. Cómo y cuándo pasaron de herramienta a rito sagrado, nadie lo sabe con certeza.
Hay quienes ven en los giros una imitación del movimiento del sol. Hay quienes señalan que el faldón, prenda femenina llevada por hombres, conecta con antiguos rituales de fertilidad. Hay quienes la interpretan como un rito de paso: la primera bajada por la Cuesta marcaba el tránsito del joven al hombre adulto.
Llevan más de cuatro siglos haciéndolo sin saber del todo por qué. Y eso, lejos de restarle valor, le añade una capa que pocas fiestas de España tienen.
En 1970 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. En 2018, Bien de Interés Cultural Inmaterial por el Gobierno de La Rioja. El misterio sigue sin resolverse.
Los ocho y el cachiberrio
Son ocho. Siempre ocho. Y tienen que ser de Anguiano, o descendientes de anguianiegos.
Hasta los años sesenta, todos nacían en el pueblo. El éxodo rural lo cambió: hoy danzan jóvenes nacidos fuera, pero todos llevan sangre de Anguiano. Entre ellos hay fijos y reservas: los titulares que ocupan su puesto de manera estable, y los que cubren algunas tardes cuando los fijos les ceden el turno.
Se visten igual desde hace siglos: camisa blanca con adorno en las mangas, chaleco con siete bandas horizontales de colores, calzón negro hasta la rodilla, medias blancas, faja azul y alpargatas de esparto. Y sobre todo la saya: el amplio faldón amarillo adamascado, confeccionado en un paño de damasco pesado que, al girar, se ahueca como una campana creando una cámara de aire que estabiliza al danzador. Sin ese peso y ese vuelo, la bajada no funciona igual.
Debajo de la saya va la enagua blanca, que añade grosor y protege las piernas. Y en las rodillas, antes de atar los zancos, los veteranos colocan almohadillas de tela blanca rellenas de lana merina para amortiguar el impacto de la madera contra la articulación. Un ritual silencioso que precede a cada descenso.
Los zancos son de madera de haya, miden en torno a cincuenta centímetros y acaban en punta. Van atados con cuerdas al tobillo y a la rodilla.
Junto a ellos actúa el cachiberrio. No lleva zancos ni baja ninguna cuesta. Ejerce su autoridad con un zurriago, una cola de caballo que porta a modo de bastón de mando. Es el bufón y el cronista: recita versos a Santa Magdalena y lanza pullas satíricas a vecinos y autoridades. El que dice en voz alta lo que todos piensan.
Y luego están los veteranos, los danzadores retirados, que atan los zancos antes de cada bajada y esperan abajo con los brazos abiertos. Sin ellos no hay danza.
Lo que el pueblo sabe y el visitante no
La danza no ocurre solo en julio.
Se repite tres veces al año. La primera, el domingo siguiente a la Ascensión, cuando el pueblo baja en romería a la ermita a recoger la imagen de la Santa y traerla al pueblo para el verano. La segunda, en julio, durante las fiestas patronales. La tercera, el último sábado y domingo de septiembre, en las fiestas de Acción de Gracias, cuando la Santa vuelve a su ermita.
Tres días por la Magdalena y dos por Gracias. Así lo dicen en Anguiano desde siempre.
Hay otro detalle que el visitante casi nunca conoce: los danzadores no visten igual en todo momento. Durante el pasacalles matutino van sin saya ni enagua, solo con un mantón atado a la cintura. La saya amarilla se reserva estrictamente para la procesión y la bajada. Los locales identifican el momento de la fiesta solo con mirar cómo van vestidos.
Y la fiesta tiene dos danzas distintas. La primera es la danza de los zancos: la bajada por la Cuesta girando en sentido contrario a las agujas del reloj, con el faldón amarillo abierto como una campana y las castañuelas sonando. La que todo el mundo viene a ver.
La segunda son los troqueados. Cuando acaba la bajada, los danzadores se quitan los zancos y el faldón, se ciñen un mantón bordado a la cintura y cogen palos de avellano. Son ocho, en dos filas. Los golpean entre sí mientras se desplazan y cruzan formando figuras. Una danza completamente distinta en origen, en forma y en espíritu. Y luego van de bar en bar repitiéndola. La fiesta no acaba cuando acaba la bajada. Acaba mucho más tarde.
Y hay un dato de 2025 que Anguiano no olvidará. El 28 de septiembre, una adolescente de 14 años se convirtió en la primera mujer en bajar la Cuesta con zancos en más de cuatro siglos de tradición. Su padre, antiguo danzador, le ató los zancos. El pueblo entero la recibió con vítores.
El día grande
Las fiestas patronales van del 21 al 25 de julio. El día central es el 22, festividad de Santa María Magdalena, patrona de Anguiano.
Todo empieza con el pasacalles por los tres barrios del pueblo: Mediavilla, Eras y Cuevas. Los danzadores ya vestidos, el cachiberrio abriendo la marcha sembrando versos por el camino, las dulzainas y el tamboril marcando el paso.
Después la procesión. La imagen de Santa Magdalena sale a hombros de los danzadores. Cuando se detiene, los músicos cambian la melodía y los danzadores levantan los zancos hacia atrás y giran en plena calle.
Luego la misa. Y cuando acaba, los veteranos atan los zancos y colocan las almohadillas. Ese momento, antes de la bajada, tiene la concentración de quien sabe lo que viene.
Los danzadores se colocan en la Plaza de la Obra, frente a la iglesia de San Andrés. Suena el tamboril. Empieza la danza del Agudo. Y uno a uno, castañuelas sonando, se lanzan por los siete escalones girando sobre sí mismos en sentido contrario a las agujas del reloj. Desde 1985, los escalones tienen piques en la piedra para evitar que el zanco resbale.
Después, la Cuesta de los Danzadores. Cuarenta metros de piedra con una pendiente del veinte por ciento. Cada danzador baja solo, girando sin parar, mientras el que le precede ya sube para tirarse de nuevo. El gentío llena los laterales. Los veteranos esperan abajo.
El mejor sitio para verlo es el lateral de la Cuesta, lo más cerca posible del centro. Llegar con al menos una hora de antelación: el espacio es estrecho y se llena rápido.
Datos útiles
Cuándo: la Danza se celebra los días 21, 22 y 23 de julio, en honor a Santa María Magdalena, patrona de Anguiano. El día grande es el 22: procesión, misa mayor y bajada principal. Las bajadas se realizan a las 14:00 y a las 20:00 horas. La danza se repite el último sábado y domingo de septiembre, en las fiestas de Acción de Gracias, cuando la Santa vuelve a su ermita. Horarios en septiembre: 14:00 y 19:00 h.
Dónde: Anguiano, valle del Najerilla, comarca de Nájera, La Rioja. Un pueblo de montaña rodeado de robles, pinares y el río Najerilla a los pies.
Cómo llegar: en coche desde Logroño, aproximadamente 46 km por la LR-113, unos 45 minutos. Desde Madrid, unas tres horas y media. Hay líneas de autobús regulares desde Logroño, aunque con frecuencia reducida en festivos: conviene verificar horarios antes de viajar.
Aparcamiento: el centro del pueblo suele cortarse al tráfico durante las fiestas. Llegar con antelación y aparcar en las zonas habilitadas en los accesos. El mejor consejo: estar en la Cuesta al menos una hora antes de la bajada.
Alojamiento: Anguiano tiene casas rurales en el propio pueblo, algunas a metros de la Cuesta. La demanda durante las fiestas de julio es alta: reservar con meses de antelación. Nájera, a unos 20 km, ofrece más opciones hoteleras si el pueblo está completo.
Gastronomía: cocina riojana de montaña: patatas a la riojana, pochas con chorizo, chuletillas al sarmiento, trucha del Najerilla. Los bares del pueblo se llenan desde primera hora los días de fiesta. Por la tarde, con los danzadores recorriendo los bares con los troqueados, el bar y la fiesta son la misma cosa.
Declaración: Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1970. Bien de Interés Cultural Inmaterial desde 2018.
Programa próximamente
Créditos fotográficos:
Foto: "Danzadores de zancos, Anguiano, La Rioja" por BigSus. Licencia CC BY-SA 3.0.
Foto: "Danza de palos en Anguiano, La Rioja" por A. www.viajar24h.com (Soschilds). Licencia CC BY 2.0.
Foto: "Danzadores de zancos bajando la Cuesta de los Danzadores, Anguiano, La Rioja" por BigSus. Licencia CC BY-SA 3.0.