
Comienza la experiencia
Son las 8 de la mañana del 29 de junio en los Riscos de Bilibio, La Rioja. El sol acaba de asomarse sobre el valle del Ebro, el aire huele a romero y a vino, y una multitud de personas vestidas de blanco inmaculado y con pañuelos rojos están a punto de quedar completamente teñidas de morado. La cuenta atrás ha terminado.
Suena el cohete.
Y entonces todo empieza.
La Batalla del Vino de Haro se celebra cada año en la festividad de San Pedro, en este enclave natural, a seis kilómetros de la localidad riojana de Haro. Se enmarca dentro de las Fiestas Patronales de San Juan, San Felices y San Pedro de Haro, que se celebran del 24 al 29 de junio. Es una Fiesta de Interés Turístico Nacional en la que miles de personas se lanzan litros de vino tinto hasta quedar completamente empapadas.
Pero para entender por qué ocurre esto cada año en este lugar concreto, hay que remontarse varios siglos atrás.

El pendón que explica la tradición
Hace siglos, Haro y la vecina Miranda de Ebro mantuvieron un enfrentamiento por la posesión de los Riscos de Bilibio. La disputa se resolvió con una condición tan simple como inapelable: los vecinos de Haro debían acudir cada 29 de junio a los Riscos y plantar allí el pendón municipal en señal de posesión. Si un año no vinieran, el territorio pasaría a jurisdicción de Miranda de Ebro.
Llevan siglos acudiendo.
El Regidor Síndico, cargo de origen medieval que sigue vivo hoy, encabeza la comitiva a caballo hasta la ermita de San Felices. Allí, en lo más alto de las peñas, planta el pendón de Haro. Solo entonces, cuando el pendón ondea sobre los Riscos, suena el cohete que da inicio a la batalla.
Pero ¿cómo se pasó de una romería religiosa a una batalla de vino? La respuesta está en un almuerzo de finales del siglo XIX. Tras la misa en la ermita, los romeros se sentaban a comer en las campas de los Riscos. El calor del 29 de junio era sofocante, el vino abundaba, y en algún momento alguien tuvo la idea de refrescar a su vecino de mesa vertiéndole el vino de su bota encima. Comenzaron los bautizos de vino, como los llamaban entonces. Y de ahí, poco a poco, nació la batalla.
Lo que empezó como una obligación territorial se convirtió, con el tiempo, en la fiesta más morada de España. Pero la obligación sigue siendo la misma. Y los jarreros, cada 29 de junio, siguen cumpliendo.
San Felices, San Millán y el castellano
Los Riscos de Bilibio son el escenario de la batalla, pero tienen más historia de la que parece. En este enclave vivió y murió en el siglo VI el anacoreta San Felices de Bilibio, maestro de San Millán de la Cogolla, el santo cuyo monasterio guarda los primeros textos escritos en castellano.
Aquí se levantó la ermita donde se celebra la misa antes de la batalla. El Regidor Síndico planta el pendón en lo alto. Suena el cohete. Y los Riscos se tiñen de morado durante unas horas. Es un vecino de la ciudad elegido cada año durante las fiestas. Durante esos días, es el mandatario simbólico de Haro. Encabeza la comitiva a caballo hasta los Riscos, planta el pendón en lo alto de las peñas y da el pistoletazo de salida a la batalla.
El cargo tiene su origen en el Procurador Síndico medieval, el funcionario encargado de los barrios y aldeas bajo jurisdicción de Haro. Con el tiempo evolucionó hasta convertirse en lo que es hoy: una figura ceremonial que conecta la fiesta con su origen histórico y que, por unas horas, lleva sobre los hombros el peso de siglos de tradición.
1898: cuando ya era leyenda
La Batalla del Vino no es una invención reciente. El Diario de La Rioja del 29 de junio de 1898 ya la describía así: "para cuando este número llegue a las manos de mis queridos lectores, ya habrá pasado a la historia la típica romería de Bilibio; tendremos unas cuantas cántaras de vino menos en las bodegas y algunas de más entre el cuerpo y el traje."
Hace más de 125 años, la fiesta ya era lo que es hoy. En 1965 recibió el título de Fiesta de Interés Turístico. En 2011, el de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Pero la esencia llevaba siglos siendo la misma.

Las reglas de la Batalla
El Ayuntamiento de Haro tiene publicadas las reglas oficiales de la batalla. Son ocho. Y son tan serias como lo que implican:
1. Vestir de blanco, con el pañuelo rojo típico de fiestas. Durará poco.
2. Conseguir manchar de vino al vecino lo más rápido y mejor que puedas.
3. Usar armas homologadas: botas, botellas sin vidrio, sulfatadoras, calderos, pistolas de agua y cualquier recipiente que pueda albergar líquidos.
4. Mientras dura la contienda, no hay que dejar de reír y cantar.
5. Si ves a alguien que aún le quede una parte de su vestimenta en blanco, será tu objetivo preferente.
6. No te fíes de nadie. Tus conocidos serán tus primeros enemigos.
7. Los músicos de las charangas no dejarán de tocar mientras quede vino.
8. Si ves que la gente está sentada comiendo caracoles o chuletillas al sarmiento, es que la batalla se ha terminado y ha empezado el almuerzo.
¡Diviértete! Es una fiesta única y muy divertida, así que relájate y disfruta de la experiencia.
La noche de la Herradura:
La Batalla del Vino no empieza el 29 de junio. Empieza la noche antes.
La víspera de San Pedro, las peñas jarreras toman la zona de la Herradura, el corazón festivo de Haro, y no la sueltan hasta el amanecer. Música, vino y la ciudad entera en la calle con la certeza de que en pocas horas todo va a ponerse morado.
Quien llegue a Haro solo el día 29 se perderá la mitad de la fiesta.
El vino y la fiesta
La Batalla del Vino no sería posible sin el vino, el producto más representativo de La Rioja. Durante la batalla se lanzan decenas de miles de litros de vino tinto joven de la región. No es el mejor vino de La Rioja, pero es abundante y cumple perfectamente su función lúdica.
Cuando termina la batalla, la ropa blanca ya no existe. La romería regresa a Haro, cruza el puente sobre el Tirón y llega a la Plaza de la Paz, donde la fiesta continúa con las Vueltas: música, baile y vino, esta vez en vaso.
Es una celebración que destaca la importancia del vino en la cultura y economía de la región, que reúne cada año a miles de personas de todo el mundo en torno a una tradición centenaria y experiencia divertida.
Y si algún año los Riscos no estuvieran, como ocurrió en 2013 cuando un desprendimiento obligó a celebrar la batalla en una explanada cercana, los jarreros lo notarían. Lo notaron. Dijeron que no había sido lo mismo.
Créditos fotográficos.
Foto: "Batalla del Vino en Haro, La Rioja" por BigSus. Disponible bajo licencia CC BY-SA 3.0.
Foto: "Iglesia de Santo Tomás en Haro, La Rioja" por BigSus. Disponible bajo licencia CC BY-SA 3.0.
Foto: "Riscos de Bilibio desde los riscos de Buradón" por Bigsus. Disponible bajo licencia CC BY 3.0.
Foto: "Arca relicario de San Millán de la Cogolla, Monasterio de Yuso, La Rioja" por Cenobio. Disponible bajo licencia CC BY-SA 3.0.