Los Escobazos de Jarandilla de la Vera

El 7 de diciembre, al caer la tarde, cuando el frío de la sierra baja a las calles, Jarandilla de la Vera se echa a arder.

Hacia las siete, entre la oscuridad de las tardes de invierno, alguien acerca la llama a un escobón —un haz de retama seca de más de dos metros, atado a mano, que prende como una tea— y el fuego salta de vecino en vecino hasta que el pueblo entero se convierte en un bosque de antorchas.

Y entonces empiezan los escobazos. Te sacuden por la espalda con el escobón ardiendo, de cintura para abajo, y tú, entre risas, se lo devuelves mientras el golpe salta en chispas. Vas con ropa vieja, gorro y guantes.

Es la víspera de la Inmaculada, y en Jarandilla eso se celebra a golpe de lumbre.

Arden diez grandes hogueras en las plazas —la de la Constitución, la del Sopetrán, la Nueva, la de la Soledad—, de varios metros. A las nueve, al repique de campanas, la Virgen sale en procesión entre las llamas, con su estandarte y las caballerías abriendo paso. Y la cosa sigue hasta bien entrada la madrugada, de hoguera en hoguera, con un vaso de vino de pitarra en la mano.

Vienen miles a quemarse un poco. Desde 2024 es Fiesta de Interés Turístico Nacional, y se vive como lo que fue siempre: la noche en que Jarandilla se alumbra a sí misma.

Cuando bajaban los cabreros

Lo que hoy junta a miles empezó, según cuenta el pueblo, como un gesto de pastores. Los cabreros de Jarandilla pasaban semanas arriba en la montaña, en los puertos de Gredos, solos con el ganado. Y cuando bajaban ladera abajo, ya de noche y en lo más crudo del invierno, se alumbraban el camino con escobones prendidos que ardían como teas en la oscuridad de la sierra.

Al llegar al pueblo, para apagarlos, se los sacudían unos a otros a golpes —a escobazos—, medio en saludo, medio en broma, contentos de volver a verse después de tanto monte.

De ahí el nombre. Y de ahí el gesto que sigue intacto cada 7 de diciembre.

La fiesta guarda esa memoria y la pone en escena: al caer la tarde, en el Puente Parral, a la entrada del pueblo, se recrea la bajada de los cabreros de la sierra. La comitiva sube por la calle Marina hasta la Plaza de la Constitución y, con la noche ya cerrada, prende la primera lumbre.

Hubo un tiempo en que la cosa estuvo a punto de apagarse: a mediados del siglo XX, la emigración del campo a la ciudad casi se lleva por delante la tradición. La rescataron los maestros del pueblo, que pusieron a los niños a atar sus propios escobones y a salir con ellos en la procesión de la Concepción; detrás fueron los mayores, y así volvió a prender.

El calendario explica el resto. El 7 es víspera de la Inmaculada Concepción, a la que aquí llaman, a la antigua, Virgen de la Concepción. El pueblo le canta unas coplas viejas —"Virgen de la Concepción, mañana será tu día"— que hablan de bajar toda la noche "roando" cuesta abajo, desde la majada, solo por llegar a verla. Fuego de pastor y devoción de pueblo, en la misma noche.

Primero hay que ir al monte

El escobón se hace a mano, y se empieza semanas antes. A primeros de noviembre, las cuadrillas suben al campo a cortar retama —la escoba de la sierra, un arbusto que abunda en La Vera y que, bien seco, arde con ganas. Es una faena de día entero y de amigos: la gente se junta, lleva de comer y de beber, y se pasa la jornada en el monte cortando escobas.

Después, ya en el pueblo, se montan los escobones: se aprietan las ramas en un haz de más de dos metros y se atan fuerte con cuerda —antaño, de fibra de pita— para que no se deshaga cuando arda ni cuando golpee. De un manojo de escobas sale una antorcha capaz de aguantar toda la tanda de escobazos.

Esa es la nomenclatura, y en Jarandilla la cuidan: la escoba es el arbusto; el escobón, el haz atado que se prende; el escobazo, el golpe que das con él ardiendo.

Hacerlo es, además, la forma de que la fiesta no se apague. El 5 de diciembre, en la Plaza de la Constitución, hay un taller para que los niños monten su propio escobón; los mismos críos que esa noche saldrán con él en la mano son los que la sostendrán mañana.

La Virgen sale entre el humo

Hacia las siete, sin que nadie dé la señal, la Plaza de la Constitución arranca. Los escobones prendidos van y vienen, el aire se llena de humo de retama y de chispas, y las caras se van tiznando de ceniza. Durante un par de horas no hay más que eso: fuego, risas, escobazos de cintura para abajo y el calor de las hogueras en cada plaza —la del Sopetrán, la Nueva, la de la Soledad—, que se encienden al atardecer y crecen hasta los quince metros.

A las nueve suenan las campanas de la parroquia de Santa María de la Torre, y la fiesta cambia de tono sin apagarse. Sale la Procesión del Estandarte: el mayordomo lo lleva a lomos de un borrico, con jinetes a caballo detrás, y el pueblo lo arropa sin orden ni concierto, alumbrándole el camino con los escobones en alto. La Virgen de la Concepción avanza entre el humo y la lumbre, por unas calles donde la única luz es la del fuego.

Hay una regla que todos respetan: cuando el estandarte baja a la Plaza, se acaban los escobazos. Ni un golpe más cerca de la Virgen ni de las caballerías. El fuego se aparta para dejarla pasar.

Y cuando la procesión vuelve a la iglesia, la cosa no para: empieza la madrugada larga. De hoguera en hoguera, con vino de pitarra que muchos elaboran en casa, se canta a la Concepción hasta que el frío y las brasas se apagan a la vez

Lo que el visitante no sabe

El estandarte se subasta, y la puja dura todo el año. Ser mayordomo —el que lleva el estandarte de la Virgen en la procesión— no se hereda ni se sortea: se paga. La subasta está abierta durante todo el año y se cierra una hora antes de la Petición de la Rosca, la tarde del 7. Quien más ofrece, lo lleva; y al día siguiente, en la procesión de la Inmaculada, se subasta ya el del año que viene.

La llamaban "la procesión de los burros". No es casualidad que el mayordomo vaya en borrico. La tradición manda llevar las caballerías a la procesión para que las bendigan: se creía que así quedaban libres de enfermedad todo el año siguiente. De ahí el viejo apodo.

Vas a acabar oliendo a humo, y es parte del trato. No hay barrera ni distancia de seguridad: el fuego pasa a tu lado. Por eso las normas son de sentido común de local —ropa vieja no inflamable (vaqueros, lana, pana), cabeza, cuello y manos cubiertos, y golpear siempre por la espalda y de cintura para abajo. Nada de escobones en alto cerca de la cara.

La fiesta tiene su propio museo, abierto todo el año. En la antigua Ermita del Santo Sepulcro (siglo XVII), junto a la parroquia, está el Centro de Interpretación Museo de Los Escobazos: paneles sobre la historia, la fabricación de los escobones y los cánticos. Si no puedes venir el 7 de diciembre, es la manera de ver la fiesta por dentro el resto del año.

El día, hora a hora

Los días previos. La semana anterior se va calentando: visitas explicativas a los colegios del pueblo, un taller de tambores en el Museo el 4 de diciembre y, el 5 de diciembre, el taller en el que los niños montan sus propios escobones en la Plaza de la Constitución.

7 de diciembre, por la mañana. El Museo abre y se pueden recorrer los sitios donde esa noche arderán las hogueras: las plazas de la Constitución, del Sopetrán, Nueva, de la Soledad y la Cuesta de los Carros. A mediodía, entrega del Escobón de Oro, el galardón con que la fiesta reconoce a quien la promociona.

Media tarde. Comienza la Petición de la Rosca: los mayordomos de la Virgen recorren las calles al son del tamboril. Sobre las cinco, Santa Misa y Novena en la parroquia de Santa María de la Torre.

Al caer la tarde. En el Puente Parral, a la entrada del pueblo, se recrea la bajada de los cabreros de la sierra; la comitiva sube por la calle Marina hasta la Plaza de la Constitución.

Hacia las siete. Se prenden los escobones y arranca Los Escobazos. El fuego manda durante un par de horas.

Hacia las nueve. Al repique de campanas, sale la Procesión del Estandarte desde Santa María de la Torre. Al terminar, empieza la madrugada larga de hogueras y vino de pitarra.

8 de diciembre, la Inmaculada. A mediodía, Santa Misa y Procesión de la Inmaculada Concepción, en la que se subasta el estandarte para el año siguiente.

(Horarios orientativos, según el orden habitual de la fiesta; el programa exacto de 2026 lo publicaremos al final de esta página en cuanto se encuentre disponible.)

Datos útiles

Cuándo. El 7 de diciembre, todos los años (fecha fija), víspera de la Inmaculada. Lo fuerte va de las siete de la tarde a la madrugada.

Dónde. Jarandilla de la Vera, en la comarca de La Vera, al norte de Cáceres, al pie de Gredos. El corazón es la Plaza de la Constitución, aunque arden hogueras por todo el casco.

Qué llevar. Ropa vieja de tejido no inflamable (vaquero, lana, pana), con la cabeza, el cuello y las manos cubiertos. No hay barreras ni distancia de seguridad: el fuego pasa a tu lado. Se golpea siempre por la espalda y de cintura para abajo.

La fiesta fuera de fecha. El Centro de Interpretación Museo de Los Escobazos, en la antigua Ermita del Santo Sepulcro (s. XVII), junto a la parroquia, abre todo el año: paneles de la historia, la hechura de los escobones y los cánticos.

Dónde dormir. Jarandilla y los pueblos de La Vera tienen mucha casa rural, y el propio pueblo cuenta con Parador. La noche del 7 arrastra a miles de personas y el alojamiento vuela, así que conviene reservar con tiempo: [buscar alojamiento en Jarandilla de la Vera].

Programa. En cuanto el Ayuntamiento publique el programa de 2026, lo colgamos aquí.

Y para el día después. Estás en la cuna del Pimentón de la Vera (DOP): si te llevas un bote, te llevas el sabor de estas sierras a casa → conoce la gastronomía de Extremadura.

Los Escobazos son parte de una familia más grande: la de los pueblos que encienden la noche. El mismo gesto late en la Festa dos Fachós de Castro Caldelas, en las hogueras de Sant Antoni en Mallorca o en el fuego del solsticio.

Créditos fotográficos:
Foto 1: Los Escobazos. Procesión (Jarandilla de la Vera), Museo Los Escobazos, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Foto 2: Los escobazos. Vista general (Jarandilla de la Vera), Museo Los Escobazos, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Foto 3: Escobazo ardiendo (Jarandilla de la Vera), Museo Los Escobazos, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (modificada).

Foto 4: Museo Los Escobazos (Jarandilla de la Vera), vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (modificada).