
El pendón no se lleva. Se baila.
Son las diez de la mañana del primer domingo de octubre. En la Plaza de San Marcos de León, frente al parador que fue convento y hospital de peregrinos jacobeos, más de 350 mástiles apuntan al cielo. Cada uno representa un pueblo. Muchos tienen siglos.
Los pendoneros llevan un rato preparándose. Cada uno ajusta el cincho — el cinturón de cuero ancho que se ciñe a la cintura — y encaja en él el gancho metálico de la base de la vara. Sin ese gancho no hay equilibrio posible. Los remeros toman los cordones sujetos a lo más alto del mástil. Todo el peso — hasta cuarenta kilos — quedará repartido entre el cuerpo del pendonero y las manos de quienes lo acompañan.
A las 10:30 suena el himno de León.
Y entonces, simultáneamente, todos se izan.
Lo que ocurre a continuación es difícil de explicar a quien no lo ha visto. Un pendón leonés no ondea — gira. El pendonero hace girar la vara entera en círculos lentos y perfectos, con la tela de seda adamascada abriendo como una hélice de colores sobre su cabeza. Hasta quince metros de madera acanalada, y el cuerpo del hombre que lo porta como único punto de apoyo.
El público aplaude. Igual que en el siglo XII.
De la batalla a la romería
El origen de los pendones concejiles leoneses está en la Edad Media. Los ejércitos de aquella época se formaban con mesnadas locales — grupos de vecinos convocados por su concejo para acudir a la guerra. Sin uniformes ni insignias comunes, cada concejo necesitaba una enseña que identificara a sus hombres en el campo de batalla. Así nació el pendón: la bandera del pueblo, no del rey.
Hacia el siglo XVII, el tamaño descomunal de los mástiles los hizo incompatibles con las acciones de guerra. El pendón dejó de ir a la batalla y empezó a ir a misa — procesiones, romerías, coronaciones. Su función cambió pero su presencia no desapareció.
Durante el siglo XIX, con la pérdida de poder de los concejos, muchos pendones entraron en desuso y se perdieron. A principios del siglo XX resurgieron como elemento identitario del pueblo leonés. Hoy hay más de 400 pendones concejiles conservados en pueblos de la provincia. Cada uno es de un pueblo. Cada uno tiene sus colores, su historia, su pendonero.
En 2019, la Junta de Castilla y León los declaró Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial — el reconocimiento más alto que puede recibir una tradición viva en España.
Qué es un pendón, exactamente
Imagina sostener un mástil de quince metros con una vela de seda en la punta. Hazla girar en círculos sobre tu cabeza mientras caminas por una calle empedrada al ritmo de dulzainas y tambores — confiando en que en ese momento no exista viento.
Eso es portar un pendón leonés.
La vara es de madera, acanalada para aligerar el peso. La tela — seda adamascada — cuelga de lo alto en bandas horizontales de número impar, terminadas en dos puntas que no llegan al suelo. En lo más alto, una pequeña cruz de bronce. En la base, los ganchos metálicos que se enganchan al cincho — el cinturón de cuero que el pendonero lleva ceñido a la cintura. No sujeta la vara con las manos. La equilibra con el cuerpo entero, con los riñones, con años de práctica.
Uno o dos remeros acompañan al pendonero sujetando los cordones atados a lo alto del mástil — los remos — que ayudan a controlar la vara cuando el viento sopla o cuando el pendonero ejecuta una vuelta: ese giro completo que hace abrir la tela en círculo sobre su cabeza como una hélice de colores. No es un adorno. Es el saludo de reverencia al santo o a la Virgen que preside la festividad. Llevan siglos haciéndolo así.
En muchos pueblos, ser el mozo que porta el pendón del concejo es el mayor honor que puede recibir un joven. Hay familias que llevan generaciones haciéndolo.
Las pendonetas son la versión pequeña — asta corta, paño menor, sin remos. Históricamente las portaban las mujeres y los niños. Hoy desfilan junto a los pendones grandes y tienen su propio protagonismo en las concentraciones.
El pendón de cada pueblo duerme el resto del año en la iglesia o en la casa del concejo — la vara colgada en un lateral, la tela de seda doblada y guardada en la sacristía. Cuando llega San Froilán, vecinos del pueblo planchan la tela, montan la vara, y el camión sale antes del amanecer con quince metros de madera asomando por la trasera. Así llega cada pueblo a la Plaza de San Marcos antes de las nueve de la mañana.
Significado de los colores que nadie explica
Todos los pendones leoneses tienen rojo carmesí — el color del Reino de León, el mismo que llevan las enseñas reales desde la Edad Media. Es el único color presente en absolutamente todos.
El resto tiene historia propia. El verde apareció en el siglo XVII y hace referencia directa a las batallas ganadas al Islam — el verde es el color del Islam, y cada franja verde era un símbolo de victoria. El blanco es señal de paz. El azul y el dorado identifican a los pendones de devoción mariana — pueblos bajo la advocación de alguna Virgen. El morado está vinculado a los cultos al Sacramento.
Por eso la mayoría de pendones son rojizos con verde: son los más antiguos, los que nacieron de la guerra. Los azules y blancos son más tardíos, nacidos de la devoción. Cada combinación de colores cuenta la historia del pueblo que lo porta.
- Rojo carmesí: color del Reino de León. Presente en todos.
- Verde: batallas ganadas al Islam. Aparece en el siglo XVII.
- Blanco: señal de paz.
- Azul y dorado: devoción mariana.
- Morado: cultos al Sacramento.
San Froilán: el día grande de los pendones
El primer domingo de octubre, León celebra a su patrón diocesano, San Froilán. No es la fiesta más grande de la ciudad — esa es San Juan y San Pedro, en junio, con sus hogueras y sus conciertos de verano. Pero pregunta a cualquier leonés cuál es la suya de verdad y la respuesta es siempre la misma.
San Froilán es la fiesta más tradicional, más propia, la que conecta la capital con sus pueblos. Y los pueblos, cuando van a León, llevan su pendón.
Hasta 1991 los pendones aparecían en romerías dispersas por la provincia, pero nadie los había reunido todos a la vez. Ese año el Ayuntamiento los incorporó al programa de San Froilán — que ya tenía las Cantaderas y los carros engalanados — y el encaje fue tan natural que cuesta creer que no llevara siglos así.
Hay además una razón práctica que lo explica todo: octubre. Las cosechas están recogidas. Los pueblos están libres. En junio, cuando se celebra San Juan, el campo no da tregua. En octubre, puede venir todo el mundo. Y viene.
El recorrido
Desde las 9:00 horas, la Plaza de San Marcos acoge la concentración de más de 350 pendones, pendonetas y estandartes llegados de más de 230 pueblos de la provincia. A las 10:30 se produce el izado simultáneo al son del himno de León y comienza el desfile.
El recorrido pasa por Gran Vía de San Marcos, Santo Domingo, Calle Ancha y Plaza de Regla, donde los pendones quedan atados a la verja de la Catedral de León por orden de llegada. Avanzan despacio, al ritmo de dulzainas y tambores, mientras la música tradicional leonesa marca el pulso entre la multitud. El desfile es también concurso — se premia la mejor exhibición y manejo del pendón, valorando las figuras artísticas y el cuidado del estandarte.
Ese mismo día, los carros engalanados — carros de labranza decorados con aperos, hogazas de pan, productos de la matanza y telas bordadas, tirados por bueyes o caballos — recorren el casco antiguo. Los pueblos compiten por el más bonito. Sus acompañantes van vestidos con el traje típico de su zona.
Las Cantaderas: el tributo que León se negó a pagar
El domingo anterior a San Froilán, el claustro de la Catedral de León acoge uno de los rituales más antiguos y singulares de España: Las Cantaderas, también llamada la Ceremonia del Foro u Oferta.
El origen se remonta al año 844. Desde los tiempos del rey Mauregato, los reyes cristianos pagaban a los califas musulmanes el infame Tributo de las Cien Doncellas — cien jóvenes entregadas anualmente al Emirato de Córdoba a cambio de no ser atacados. Según la tradición, las doncellas de León destinadas a ese tributo prefirieron cortarse una mano antes que someterse. El rey Ramiro I, ante ese acto de valentía, se negó a seguir pagando y llevó sus tropas a la Batalla de Clavijo, donde derrotó a Abderramán II — según la leyenda, con la aparición del apóstol Santiago a caballo.
En agradecimiento por aquella victoria, el pueblo de León estableció una ofrenda al Cabildo Catedralicio que con el tiempo se convirtió en la ceremonia actual. Cada año, jóvenes vestidas con trajes medievales recorren el centro de León encabezadas por la Sotadera — la representante de la corte mora enviada para instruir a las doncellas — y bailan en el claustro de la Catedral.
Después llega el momento más singular: un debate entre un representante del Ayuntamiento y otro del Cabildo que discuten con ingenio y humor si la ofrenda es un acto libre del pueblo o una obligación histórica. Nunca llegan a un acuerdo. Llevan siglos sin llegar.
Las Cantaderas están declaradas Fiesta de Interés Turístico Regional y son, junto al desfile de pendones, el acto más cargado de historia de todo San Froilán.
Más allá de San Froilán: los pendones todo el año
San Froilán es el día grande, pero los pendones no esperan a octubre. Aparecen en romerías por toda la provincia desde el verano — cada fin de semana, en algún pueblo de la provincia, hay una pendonada. Los mástiles salen de las iglesias, los pendoneros se ciñen el cincho, y la tradición vuelve a estar viva durante unas horas en algún camino entre campos de cereal.
Dos citas que merece la pena señalar:
Romería de la Virgen del Camino — septiembre, a las puertas de León. La patrona de la región recibe cada año los pendones de toda la provincia en una procesión que une devoción e identidad leonesa en el mismo paso.
Pendonada de Valderas — 15 de agosto, en la comarca de los Oteros. Una de las concentraciones más concurridas del verano, en pleno corazón de la provincia.
Lo que nadie te cuenta antes de ir
Los pendones salen aunque no haya nadie mirando. Eso es lo primero que nota quien llega sin saberlo: que esto no está montado para el visitante. Está montado para el pueblo.
Llega antes de las 9:00 a la Plaza de San Marcos el día de San Froilán. Ver los más de 350 mástiles en tierra, con los pendoneros preparando los cinturones y ajustando los remos antes del izado, vale tanto como el desfile.
El recorrido termina en la Catedral de León — uno de los mejores edificios góticos de España, con las vidrieras más extensas del mundo medieval. Los pendones atados a su verja, con la piedra dorada de fondo, es la imagen más leonesa que existe.
Lo que nadie menciona: en San Froilán se come pulpo a feira. San Froilán era originario de Lugo, y los lazos históricos entre León y Galicia convirtieron el pulpo gallego en el plato de la fiesta leonesa por excelencia. Las pulpeiras llegan cada año con sus calderos de cobre.
Lleva ropa de abrigo. Octubre en León es frío de verdad.
Datos útiles
San Froilán 2026: 4 de octubre — primer domingo de octubre.
Concentración de pendones: Plaza de San Marcos, desde las 9:00 horas.
Izado simultáneo: 10:30 horas, al son del himno de León.
Recorrido del desfile: Plaza de San Marcos → Gran Vía → Santo Domingo → Calle Ancha → Plaza de Regla (Catedral).
Las Cantaderas: domingo anterior a San Froilán — 27 de septiembre de 2026 — claustro de la Catedral de León.
Romería de la Virgen del Camino: septiembre, León capital.
Pendonada de Valderas: 15 de agosto.
Cómo llegar: AVE desde Madrid en 1h 45min aprox. Tren convencional desde Valladolid, Oviedo y A Coruña.
Programa próximamente.
Créditos fotográficos:
Foto panorámica de San Marcos: "Ex-convento de San Marcos, León" por Xavi López. Licencia CC BY-SA 3.0
Foto: "Monumento al Pendón Leonés, León" por Zarateman. CC0 Dominio Público
Foto romería: "Romería leonesa con pendones" por Andreu abf18. Licencia CC BY-SA 4.0
Foto: "Pendones de León, San Froilán 2006" por Pastranec. Licencia CC BY-SA 3.0
Ilustración: "Pendón de Gencicera" por David Ll L. Licencia CC BY-SA 4.0
Foto: "Carro engalanado, San Froilán, León" por Rodelar. Licencia CC BY-SA 3.0
Foto: "Fiesta de las Cantaderas, León" por María Teresa García Montes. Licencia CC BY-SA 4.0
Pie de foto: Foto: "Catedral de León" por David Jiménez Llanes. Licencia CC BY-SA 3.0