La Vijanera de Silió

El primer domingo de cada año, un pueblo de Cantabria se levanta antes del amanecer, se echa pieles y máscara y sale a cazar un oso.

Pasa en Silió, en el Valle de Iguña (Molledo), y se llama La Vijanera: una mascarada de invierno de casi setenta personajes y cientos de campanos que se oyen de un valle a otro. Es la forma que tiene este pueblo de enterrar el año viejo y estrenar el nuevo, y está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional y Bien de Interés Cultural.

En 2027 cae el domingo 3 de enero.

Y para verla de verdad, hay que madrugar.

Aún es de noche cuando suenan los primeros campanos

Sobre las seis de la mañana, con el pueblo a oscuras y el frío metido en los huesos, los vijaneros más jóvenes salen a la calle con los campanos al hombro y empiezan a hacerlos sonar casa por casa. Ese primer repique avisa de que Silió cambia de piel durante un día.

Mientras el pueblo despierta, en los caseríos empieza lo que no se ve: la transformación. Con la primera luz, cada vecino se enfunda su traje y va dejando de ser quien era para convertirse en el personaje que le toca. Ninguno se improvisa: hay pieles que pesan, campanos que amarrar uno a uno y capas de trapo, hoja seca o musgo que colocar con calma.

Cuando por fin salen, el sonido lo llena todo. Los zamarracos abren la comitiva a saltos, con un golpe seco de cintura que hace bramar el metal, y el valle entero se entera de que la Vijanera está en la calle.

Un día para ser otro

Bajo las pieles y el tizne de la cara, un vecino cualquiera deja de tener nombre. Ese es el juego que dura toda la mañana: los de Silió se pasan el día tratando de adivinar quién va debajo de cada máscara, y muchas veces fallan.

Ese anonimato es el motor de la Vijanera. Cubierto y sin cara, cualquiera puede reírse del vecino, del que manda o del que le debe algo, y no pasa nada. El mismo desparpajo asoma en las coplas, los versos que ya avanzada la jornada reparten sátira sobre el año sin que se libre casi nadie.

Por un domingo, el más callado del pueblo puede ser el que más grita, y todo Silió se permite ser otra cosa. Al día siguiente, cada uno vuelve a lo suyo. Pero ese domingo no cuenta.

El domingo que abre el año

La Vijanera se celebra siempre el primer domingo del año, con una sola excepción: si ese domingo cae en Año Nuevo, se traslada al domingo siguiente. La víspera, el sábado, salen los niños con la Vijanera infantil, que es como el pueblo va pasando el testigo.

Silió se toma esto con un orgullo tranquilo. La fiesta es Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2009 y, desde 2021, Bien de Interés Cultural: el único de Cantabria ligado a un pueblo concreto. Y aquí viene lo que de verdad retrata al lugar: tiene repercusión de sobra para pedir el sello de Interés Turístico Internacional, y en el pueblo han dicho que no. Prefieren quedarse con el de Bien de Interés Cultural, el que protege el rito por encima del reclamo turístico. No todos los días un pueblo renuncia a un sello más grande para que la fiesta siga siendo suya.

Oirás que es "el primer carnaval del año de Europa". Suena bien, aunque no sea del todo cierto: por el continente hay decenas de mascaradas que salen ya el 1 de enero. Su rareza es otra. En una sola mañana caben la máscara, el cencerro, la caza del oso, la sátira y el entierro del año viejo; casi todo lo que en otros pueblos anda repartido en fiestas distintas, en Silió pasa antes de comer.

Los que salen enmascarados: zamarracos, osos y trapajones

El desfile es un catálogo de criaturas. Cada personaje tiene su traje, su función y su sitio exacto en la comitiva.

Los zamarracos (o zarramacos) son los protagonistas. Cubiertos de piel de oveja, con la cara tiznada de negro, calcetines de lana y alpargatas blancas con cinta roja, cargan a la cintura el cinturón de campanos que hace sonar toda la fiesta. Antiguamente esos campanos servían para espantar los malos espíritus del pueblo y para despertar al oso de su sueño de invierno.

El oso es el otro gran personaje. Va cubierto de pieles de oveja, con un hocico de madera, sujeto por una cadena a su amo —al que aquí también llaman el Húngaro—, y durante toda la jornada brama, forcejea y hace de las suyas por el pueblo. Representa el peligro que acechaba a los ganados y a las gentes: el mal que hay que vencer para que el año arranque limpio.

Alrededor de ellos sale un mundo entero. Los trapajones, cubiertos de lo que da el monte —panojas de maíz, musgo, paja, helechos, cortezas de árbol—. Los trapajeros, forrados de tiras de trapo de colores y armados con varas que impregnan de barro. Y luego los danzarines blanco y negro, la Madama, el Mancebo y el Marquesito, el viejo y la vieja, la Pepa, las Gorilonas, la Preñá y su marido, el Caballero, los Guapos, el Zorrocloco, los Pasiegos… Un carnaval de montaña que ha ido sumando figuras con el paso de las generaciones.

La caza del oso y la defensa de la raya

Hacia las 11:30, con la mañana ya alta, la comitiva se pone en marcha y el ruido de los campanos se vuelve una pared de sonido. No hay vallas. No hay gradas. El público está dentro de la fiesta, a un paso de las máscaras, apartándose cuando toca.

Entonces aparece el oso, que baja del monte tirando de su cadena mientras brama y se revuelve. Desde 2010 la captura se juega en la plaza de la Iglesia: parte de la comitiva desciende la cuesta a por él y lo apresa entre el gentío.

Con el oso preso, la marcha sube hasta la raya, el límite del pueblo. Ahí ocurre lo más antiguo del día. Los zamarracos se parten en dos bandos, se encaran a un lado y a otro de la linde, y a quien llega de fuera se le hace la vieja pregunta: "¿paz o guerra?". Suena a broma, pero guarda un recuerdo real: durante siglos, defender los límites del término fue defender el pasto, la comida y la vida de todos.

De vuelta al pueblo llegan las coplas y el parto de la Preñá —un muñeco que nace y estrena el año—, hasta que todo desemboca en lo que la comitiva perseguía desde el amanecer: la muerte del oso, otra vez en la plaza de la iglesia. Rodeada y acosada, la bestia cae mientras los zamarracos bailan a su alrededor. Con ella se van el invierno, el mal y el año viejo. En Silió aún quedan meses de frío, pero esa mañana el año ya ha cambiado de dueño.

Lo más multitudinario se apaga sobre las 14:30. Los vijaneros no se quitan la máscara: siguen por las tabernas, con las coplas y la música, hasta bien entrada la noche. Cuanto más tarde, más de verdad.

Trapajón cubierto de helechos verdes en La Vijanera de Silió.

De dónde viene (y de dónde no)

Danzarines blancos en la mascarada de La Vijanera de Silió, Cantabria

La Vijanera pertenece a la gran familia de las mascaradas de invierno, esas fiestas de máscara, cencerro y cambio de año que se repiten, con mil variantes, por el norte peninsular y por buena parte de Europa. Sobre su origen exacto conviene ser prudentes: las primeras noticias escritas son del siglo XIX, y el documento más citado es un texto inquisitorial de finales del XVIII que ya mencionaba estas mascaradas. Lo anterior a eso pertenece más a la interpretación que al dato.

Lo que sí está documentado es su casi desaparición. La fiesta se mantuvo hasta los años treinta del siglo XX y, tras la Guerra Civil, quedó perseguida y prácticamente prohibida por considerarse "pagana". Que hoy pueda contarse en presente se debe a la recuperación emprendida por los vecinos y la asociación cultural del pueblo.

La Vijanera no está sola en esto. El campano —el cencerro— es el hilo que la une a otras fiestas de invierno donde el ruido del metal marca el rito. En la propia Cantabria, la Fiesta de los Campanos de Abiada (en Campoo de Suso) comparte ese lenguaje sonoro, igual que otras mascaradas cántabras de Polaciones, Piasca o Los Carabeos. Y más al sur, en la provincia de Cuenca, la Endiablada de Almonacid del Marquesado llena las calles del mismo estruendo de cencerros a principios de febrero. Distintos pueblos, distintas fechas, un mismo son de fondo.

📌 Datos útiles

  • Fecha 2027: domingo 3 de enero (primer domingo del año). Vijanera infantil el sábado 2.
  • Dónde: Silió, municipio de Molledo (Valle de Iguña, Cantabria).
  • Horarios: campanos por el pueblo desde las 6:00; actos principales desde las 11:30; las partes más multitudinarias concluyen sobre las 14:30; por la tarde, música y comedietas hasta la noche.
  • Llega pronto: conviene estar en el pueblo antes de las 10:00. La carretera se corta hacia las 12:00, cuando la comitiva ocupa el acceso principal.
  • Cómo se ve: no hay gradas ni vallas que separen al público de la acción. El mejor consejo de los que la organizan es dejarse llevar: el primer año casi no se entiende nada, y por eso engancha.
  • Quédate a la tarde: cuando se van las cámaras es cuando el pueblo se relaja; los vijaneros andan por las tabernas y la música sigue.
  • Programa oficial: lo publicaremos aquí en cuanto la asociación lo emita.

🧭 Planifica tu viaje

Dónde dormir: Silió es un pueblo pequeño y la fiesta es de mañana, así que la mayoría acude en el día. Si vienes de lejos y quieres madrugar sin agobios, la base más cómoda es Santander, a poco más de media hora, con toda la oferta de alojamiento de la capital.

Consejo de local: ponte cerca del recorrido antes de las once y no te muevas de la zona de la plaza de la iglesia: la captura y la muerte del oso se juegan ahí. Y abrígate de verdad; en el Valle de Iguña, un tres de enero a las seis de la mañana, no se anda con bromas.

Créditos fotográficos:
Foto 1: Vijanera-Zarramacos-2 (Silió, Cantabria), Rafa Diez, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (modificada).
Foto 2 y 3: Vijanera-Muerte del Oso y Vijanera-Trapajón (Silió, Cantabria), Mariola Setién, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (modificadas).
Foto 4: Silio La Vijanera 2008 149 (Silió, Cantabria), dantzan, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0 (modificada).
Foto 5: La vijanera Asociación cultural amigos de la vijanera de silio (Silió, Cantabria), Cerofé, vía Wikimedia Commons, CC BY 3.0.