Semana Santa de Cuenca: la madrugada de las Turbas

Son las cinco y media de la madrugada del Viernes Santo y la plaza del Salvador ya no admite a nadie más.

Hace frío. Los tambores enlutados suenan a la vez, roncos, sin pausa. Entre ellos, los clarines.

Se abren las puertas de la iglesia. Asoma el guion de la hermandad de Jesús Nazareno y el ruido, que parecía imposible de subir, sube.

Detrás sale el Jesús. Luego la Verónica. Luego San Juan.

Y entonces, de golpe, silencio. Viene la Virgen.

Así empieza la procesión Camino del Calvario, la que en Cuenca todo el mundo llama las Turbas. En 2027 será la madrugada del 26 de marzo.

Paso de Jesús Amarrado a la Columna bajo el arco del Ayuntamiento de Cuenca, entre nazarenos de capirote blanco

Del estruendo al silencio, calle arriba

Los turbos abren la procesión. Siempre delante del guion del Jesús, porque representan a la multitud que se burlaba de Cristo camino del Calvario. Ese es su sitio y no tienen otro.

Detrás desfilan tres hermandades: Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador, a la que están ligadas las turbas; San Juan Evangelista; y cerrando, Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín.

El tambor toca sin parar. El clarín espera su momento: suena a la que mueva y a la que asome. Es decir, cuando los banceros levantan al Jesús para echar a andar y cuando su cruz aparece tras una curva. Esa descarga desafinada tiene nombre en Cuenca: la clariná. Es la forma que tienen los turbos de saludarle.

La procesión arranca por la parte baja y empieza a subir. Al pie de la cuesta, en Palafox, junto al monumento Turbas Generación, se juntan los clarines a esperar. Cuando el Jesús llega a su altura, la clariná es de las más fuertes de la mañana. Los banceros responden haciendo «bailar» la imagen. Lo mismo con la Verónica y con San Juan.

Después, otra vez el silencio. Llega la Virgen.

La subida a la plaza Mayor se hace entre estrecheces, con los turbos apretándose para ir cerca del guion. Bajo los arcos del Ayuntamiento entran los pasos uno a uno, recibidos con todo el ruido que cabe en la plaza.

Y cuando entra la Virgen, los turbos bajan los tambores y esconden los clarines. Es uno de los gestos que más se recuerdan de la madrugada.

El Miserere de San Felipe

Tras un descanso, la procesión emprende la bajada hacia El Salvador.

Frente a la escalinata de San Felipe Neri la calle se ensancha un poco y la gente se apiña como en ningún otro punto. El Jesús se coloca ante las escaleras. La turba calla de golpe. El coro canta el Miserere.

Con la última nota, vuelven los tambores y los clarines. La escena se repite con la Verónica.

Queda lo más difícil: meter la marea humana por la calle del Peso, la más estrecha de todo el recorrido. Y la recta final, la bajada por la calle Solera hasta la iglesia de la que salieron, con los clarines tocando hasta quedarse sin aliento.

En la puerta, la última despedida al Jesús. Se cierran las puertas. Abrazos.

Para estar en la plaza del Salvador a las cinco y media, lo sensato es buscar dónde dormir en Cuenca y no depender del coche esa madrugada.

En Cuenca le llaman el Jesús de las seis, aunque hoy la salida es a las cinco y media.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador, el Jesús de las seis, en la procesión de las Turbas de Cuenca

Quiénes son los turbos

Un turbo lleva la túnica de su hermandad, la misma que viste cualquier otra noche de procesión. Cambia el capuz: en vez de llevarlo armado y tapando la cara, lo lleva atado al cuello y con la cara descubierta. Y en las manos, un tambor enlutado o un clarín.

El tambor suena ronco y no redobla nunca. Los turbos de toda la vida dicen que el mejor sonido sale del tambor hecho a mano, con piel de ternera tensada a fuerza de cuerda. Cuando los palillos dejan el parche y chocan entre sí, en el aire, eso también tiene nombre: la palillá. Y verás a muchos turbos juntar los dos palillos en una mano, en cruz, y alzarlos hacia el Jesús. Es de lo más vistoso de la madrugada y también de lo más discutido: la Junta de Cofradías lo cuenta, junto a los gritos, los saltos y los silbidos, entre los añadidos recientes que, a su juicio, poco tienen que ver con las Turbas.

La procesión es heredera de la procesión de los nazarenos, que hacia 1616 ya abría el amanecer del Viernes Santo en Cuenca.

Las turbas, tal como hoy se conocen, aparecen en el siglo XIX ligadas a la hermandad de Jesús Nazareno de El Salvador. Antes de eso hay pistas, como un tamborilero que aparece en un proceso de la Inquisición de 1714 o los tambores que los vecinos se llevaron de una iglesia en el motín de 1766. Ninguna prueba que existieran como hoy.

Las primeras turbas eran seis tambores, seis clarines y un maestre. Cobraban por salir: una punta de alajú y un real. Las formaban vecinos pobres de la ciudad y el oficio pasaba de padres a hijos, hasta el punto de que se hablaba de ellos por familias: los Patacos, los Planchas, los Pantaleones.

Turbos con tambores y clarines por la calle Alfonso VIII en la procesión de las Turbas, Semana Santa de Cuenca

En 1942, tras la guerra, volvieron ampliadas a doce tambores y doce clarines.

A partir de los años sesenta empezaron a salir jóvenes de toda la ciudad, y la turba creció tanto que hubo que crear credenciales para saber quién era turbo. En los setenta, la madrugada se convirtió en una fiesta donde todo valía. En 1990, al poco de salir la procesión, la aglomeración provocó una caída masiva que dejó varios heridos; desde entonces se restringe el acceso a algunos puntos del recorrido.

Tras los graves incidentes de la madrugada de 2002, la hermandad no salió en 2003.

De aquella crisis salió el orden de hoy: las turbas ganaron representación y autonomía, se coordinaron con las hermandades y la Semana Santa conquense estrenó un protocolo de suspensión por lluvia para no interrumpir la procesión a mitad de recorrido.

El propio grupo de turbos lo resume en su reglamento: su papel es representar el escarnio que sufrió Jesús camino del Calvario. El ruido, para ellos, es una forma de devoción.

Hay parientes del tambor de Semana Santa a pocas horas de aquí, como Hellín y Tobarra en Albacete o Calanda y Alcañiz en el Bajo Aragón.

Lo que el visitante no sabe

Los turbos no van disfrazados. Llevan la túnica de su hermandad. Lo único que cambia es el capuz, que va atado al cuello con la cara descubierta.

Al paso de la Virgen, la turba esconde los instrumentos. En la plaza Mayor tambores y clarines desaparecen cuando llega la Soledad.

El primer sueldo de un turbo era dulce. Una punta de alajú, el turrón conquense de miel y almendra, y un real.

El sello de 1980 es compartido. La Semana Santa de Cuenca es Internacional junto con la Semana de Música Religiosa, un festival nacido en 1962 que suena esos mismos días en la Catedral y en la iglesia de San Miguel.

La ciudad puede duplicar su población. Las calles del casco son empinadas y estrechas. En la salida hay control de acceso y para el Miserere la gente coge sitio desde muy temprano.

Paso de San Juan Evangelista en la procesión Camino del Calvario, las Turbas, Semana Santa de Cuenca

Prepara tu visita

  • Cuándo: del Domingo de Ramos (21 de marzo de 2027) al Domingo de Resurrección (28 de marzo), con procesiones cada día. Las Turbas salen en la madrugada del Viernes Santo, 26 de marzo.
  • Programa: el oficial de 2027 lo publica la Junta de Cofradías; lo enlazaremos aquí en cuanto salga.
  • Dónde ver las Turbas: la salida en la plaza del Salvador tiene el acceso controlado. Para el Miserere de San Felipe, los propios turbos recomiendan ir por la calle paralela a Alfonso VIII (bajada del Carmen y Mosén Diego de Valera, Zapaterías), porque las aceras se llenan muy pronto. Y abrígate: a esa hora, en Cuenca, el frío es parte de la procesión.
  • Dónde dormir: con la ciudad llena, la madrugada del Viernes Santo se disfruta mucho más durmiendo dentro. Buscar alojamiento en Cuenca para Semana Santa.
  • Cómo llegar: en alta velocidad desde Madrid hasta la estación Cuenca-Fernando Zóbel, en menos de una hora. La estación está a las afueras: al centro se llega en la línea 1 de autobús urbano o en taxi.
  • Qué comer: el alajú, el mismo dulce con el que se pagaba a los primeros turbos. Lo tienes en nuestra guía de gastronomía de Castilla-La Mancha.
  • Museo de la Semana Santa: en la esquina de Alfonso VIII con la calle del Peso, para ver de cerca el resto del año lo que la madrugada no deja mirar.

Créditos fotográficos:
Foto: "Jesús Amarrado cuenca 2011" por Antonio Vicente. Licencia CC BY-SA 4.0.
Foto: "El Jesús de las Seis" por Itospuf. Dominio público.

Foto: "Alfonso VIII en Turbas - Cuenca - España - panoramio" por diego_cue. Licencia CC BY-SA 3.0. Modificada.
Foto: "San Juan Evangelista" por Itospuf. Dominio público.