
Los Belenes más espectaculares de España

En casa, el belén cabe en una balda: unas figuras heredadas, el río de papel de plata y el musgo del monte. Ese belén, el de toda la vida, lo contamos en las curiosidades navideñas, con el de chocolate de Rute y los de Playmobil que se han sacado de la manga los coleccionistas.
Aquí vamos a por los otros: los que se salieron de madre. Los que crecieron tanto que ya no caben en un salón y hay que ir a verlos, coger el coche o el tren, hacer cola y quedarse un rato con la boca abierta. Belenes que son pueblo entero, que baten récords, que llevan dos siglos moviéndose o que se modelan en arena para que se los lleve el mar. Estos son los grandes de España, y esto es dónde encontrarlos.
El de manos falleras: el belén monumental de Xàtiva
Un pueblo entero a tamaño real, montado por el mismo arte que hace las Fallas.
En Xàtiva, la Navidad se planta en la Albereda y ocupa como un barrio. Su Belén Monumental no es una vitrina: es una pequeña ciudad de figuras a tamaño real por la que se camina, levantada desde los años noventa y crecida a base de añadirle algo nuevo cada diciembre. Se le tiene por el más grande de España en superficie —ronda los mil metros cuadrados—, aunque esa etiqueta la firman sus organizadores más que un juez con cinta métrica.
Lo bonito es de dónde sale. Las figuras las modelan artistas falleros de la ciudad, el mismo oficio que levanta los monumentos de marzo, y el decorado se arma con lo que el pueblo va guardando todo el año: aperos viejos, herramientas, productos de la huerta valenciana de verdad. Ha llegado a tener hasta patos, ocas y otros animales vivos, aunque eso ha ido a menos con las normas de bienestar animal.
Se ve gratis, de día y sobre todo de noche, cuando la iluminación lo enciende entero, y se puede visitar hasta la fecha de Reyes. Un belén que huele a huerta y a taller fallero.
El de la corte: el belén napolitano del Palacio Real.
El nacimiento que un rey encargó para su hijo hace más de dos siglos
El belén más antiguo de esta lista no está en un pueblo, sino en el Palacio Real de Madrid, y tiene firma real. Lo empezó Carlos III en el siglo XVIII —se había aficionado a la belenística en su etapa napolitana— para regalárselo a su hijo, el futuro Carlos IV. Se le conoce como el Belén del Príncipe.
De aquel conjunto original se conservan unas 88 figuras, a las que el tiempo ha ido sumando piezas napolitanas, genovesas y españolas hasta reunir más de doscientas. No es un belén de récord, es un belén de arte: cabezas y manos modeladas una a una, telas ricas, arquitecturas de taller. Y como manda la tradición napolitana, cada año se monta distinto, así que no se ve dos veces lo mismo.
Lo cuida Patrimonio Nacional y se visita gratis dentro del recorrido del palacio, hasta la fecha de Reyes. Un consejo de local: busca al Diablo escondido entre las casas, que nunca falta; en todo belén napolitano tiene que haber también su pizca de mal.
El que se lleva el mar: el belén de arena de Las Canteras.
Navidad al sol, modelada en la playa y condenada a desaparecer
En Las Palmas de Gran Canaria la Navidad huele a salitre. Sobre la arena de la playa de Las Canteras, en la zona de La Puntilla, un equipo de escultores llegados de medio mundo modela cada diciembre, desde 2006, un Nacimiento monumental hecho solo de arena y agua, con escenas de varios metros de altura frente al Atlántico.
Es arte de usar y tirar: dura lo que dura el invierno y después se deshace, así que el que lo ve sabe que ve algo que no volverá igual. Aun así, es de lo más visitado de España en estas fechas —rondó los 170.000 visitantes en una sola edición, y sus responsables lo sitúan como el tercer espacio más visitado en diciembre, solo por detrás del Prado y el Reina Sofía—.
Se ve gratis, a pie de playa, y tiene truco de buena gente: los donativos que deja el visitante van íntegros a los comedores sociales de la ciudad. Navidad en manga corta y con causa.
El que lleva dos siglos moviéndose: el belén articulado de Laguardia.
Un teatro barroco del siglo XVIII que sigue funcionando a mano
En la iglesia de Santa María de los Reyes de Laguardia, en plena Rioja Alavesa, se conserva algo rarísimo: un belén barroco que se mueve desde el siglo XVIII. Está documentado ya en 1749, y hacia 1761 le montaron los resortes y bisagras que dan vida a las figuras.
Son 73 piezas, y buena parte de ellas se menean —pastores que caminan, carneros que se topan de cabeza, danzantes— gracias a personas escondidas debajo que las accionan a mano, sin dejarse ver. Cada día festivo de la Navidad se representa una escena, con narración, gaita en directo, luces y agua. Es, en el fondo, un superviviente del viejo teatro litúrgico, de cuando las iglesias sustituían a los actores por figuras.
Estuvo a punto de perderse, y lo salvó un grupo de voluntarios que en 1982 se puso a restaurar trajes y decorados. Hoy es una joya: de los poquísimos belenes barrocos con movimiento que siguen vivos en el mundo. Verlo por fuera ya emociona; que te enseñen el mecanismo por detrás es viajar al XVIII.
El belén que se hace pueblo: Buitrago de Lozoya
Por los mismos años, otro que rompe el molde: aquí las figuras respiran
Casi a la vez que empezaba el de Burgos, en la sierra nacía uno que se sale de todos los moldes: el de Buitrago de Lozoya, en la Sierra Norte de Madrid, que desde 1988 no monta figuras, sino que convierte el casco medieval amurallado del pueblo en un escenario bíblico por el que caminas tú.
Más de doscientos vecinos se disfrazan y se reparten por las calles, la coracha y las murallas: pastores, soldados, artesanos, la Sagrada Familia. Son 41 escenas a lo largo de un recorrido de 1.300 metros, con su música, sus luces y sus animales, y la gracia está en que no hay tarima: el belén no está delante de ti, estás dentro. Casi eres un figurante más.
Es uno de los belenes vivientes más veteranos y conocidos de España —la Comunidad de Madrid lo declaró Fiesta de Interés Turístico Regional en 2001, y años antes se llevó el premio internacional Mundo Teatre—. Se representa en las fechas centrales de diciembre, en un puñado de pases que vuelan en cuanto salen a la venta. Si te tienta, mira las fechas y saca la entrada pronto: aquí llegar tarde es quedarse fuera.
La Biblia entera: el belén monumental de Burgos
Del Génesis al Apocalipsis, montado por militares y con la entrada para Cáritas
El Belén Monumental del Ejército de Tierra es de esos que se recorren como quien recorre un museo. Lo levanta desde 1992 la asociación belenista del Regimiento de Transmisiones nº 22, y desde hace unos años se instala en el Monasterio de San Juan de Burgos.
Sus números marean: unas 2.300 figuras —cerca de 800 originales, talladas por artesanos murcianos—, más de cincuenta con movimiento, repartidas en más de un centenar de escenas sobre unos 500 metros cuadrados. Y su rareza es el guion: no se queda en el portal, sino que arranca en el Génesis y no para hasta el Apocalipsis, con lago, agua en movimiento, luces y una voz que va contando la historia. Se le tiene por el mayor belén de interior de España.
La entrada cuesta un euro simbólico, y aquí está el detalle bonito: esa recaudación va entera a asociaciones benéficas de la ciudad, de Cáritas al Banco de Alimentos. Pagas una moneda, ves media Biblia y ayudas a comer a alguien. Difícil pedir más.
El coloso: el belén gigante de Alicante.
Un San José de dieciocho metros en mitad de la plaza
En la Plaza del Ayuntamiento de Alicante no hace falta agacharse para ver el pesebre: hay que levantar la cabeza. Su Sagrada Familia es descomunal —San José mide 18,10 metros, la Virgen algo más de diez, el Niño más de tres—, obra del artista foguerer alicantino José Manuel García, Pachi, que la traslada cada año desde su taller en una quincena de viajes.
Desde diciembre de 2020 ostenta el récord Guinness a las figuras de belén más altas del mundo, una marca que le arrebató a la ciudad mexicana de Monterrey, que la tenía desde 1991. Después se le sumaron unos Reyes Magos a la misma escala descomunal.
No es un belén para recogerse ni para el silencio: es el kilómetro cero de la Navidad alicantina, plantado en plena calle, gratis, para que pase todo el mundo y se haga la foto mirando hacia arriba. Un exceso maravilloso.
Del portal de tu salón al San José de dieciocho metros de Alicante hay un buen trecho, pero es el mismo gesto de siempre: volver a montar, un año más, aquella noche en un establo.
Si buscas las fechas y horarios exactos de cada uno —que cambian cada Navidad—, los vas teniendo en diciembre. Y si lo tuyo son las tradiciones que hay detrás de estas fiestas, en curiosidades navideñas está el belén de chocolate de Rute, el de arena contado como rareza y mucho más de lo que cabe en un folleto; y en los que bajan del monte, los viejos de la montaña que reparten los regalos en el norte. Buen viaje, y abrígate, que casi todos estos se ven de noche.
Créditos fotográficos:
Foto: Diego Sanz Siguero, vía Wikimedia Commons. Licencia: CC BY-SA 3.0.
Foto: "X Belén de Arena Playa Las Canteras Las Palmas de Gran Canaria. (23415092412).jpg" por El Coleccionista de Instantes Fotografía & Vídeo. Licencia CC BY-SA 2.0.
Foto: Varondán, vía Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0. Modificada.